Creo que mi profesor de dibujo está enamorado. No de mí, yo
ya soy una mujer madura y él es muy joven. ¿Quién inventó esta expresión? ¿Madura
para qué?
A veces, cuando me atasco o me despisto mientras dibujo,
consulto el reloj y veo que ya ha pasado una hora de las dos que
dura la clase. Me lío un cigarrillo con calma y le digo: voy a fumar. Salgo a
la calle. Hace dos semanas él me hizo compañía mientras yo echaba humo. Pensé,
mal. Ahora tengo que buscar conversación. Hablamos del viento que soplaba.
-És vent de dalt. En el sur lo llamamos así.
Ya teníamos dos temas. El tiempo y mi dialecto. Casi nunca
adapto mi forma de hablar a la occidental. Aunque a veces se me escape un negra,
como si fuera barcelonina, en lugar de negre. Con la e final bién marcada. Aún
me preguntan si soy de Lleida. Joder. Ni sé por dónde cae la tierra de la
niebla. No, soy del sur. Cerca del río.
Por suerte para mí se acerca una joven en bicicleta y la
aparca frente al estudio del pintor. Él la mira y la saluda. Yo le miro a él y
pienso: Ah, estás enamorado. Él me mira y baja su mirada. Ah, estás enamorado. Esconde
su mirada tras sus gafitas de metal. El vent de dalt juega con sus rizos
largos. Ah, Teo, estás enamorado. Seguro que ahora te gustaría estar cerca del
río, lejos de la ciudad, con esa joven que te devuelve la timidez que intentas
disimular.
Pero aún te queda una hora con la mujer madura.

