martes, 26 de julio de 2011

JOSEP Y ADI







Mi jornada laboral empieza a las siete de la mañana cuando le doy un biberón de leche a la niña rubia. Luego, mientras le preparo el baño, aprovecho para preparar la comida del mediodía. Suelo hacer dos o tres cosas a la vez, como si me faltara tiempo cuando en realidad me sobra. Ya tengo a la pequeña vestida y consulto el reloj: las ocho y media. Me miro en el espejo del lavabo y creo que voy a lavarme el pelo. Así gano tiempo, cuando en realidad me sobra. La niña se sienta en el escalón del cuarto de baño con las manos sobre la falda, como un angelito. Le gusta mirarme cuando me arreglo mientras juega con las pinzas de peluquera profesional. Caliento la plancha de alisar el cabello, para acabar pareciéndome a una china, en opinión de mi padre. Él siempre opina aunque no se lo haya pedido nadie...

Bueno, a otra cosa mariposa. Hoy dejaremos nuestra rutina de compra diaria de leche fresca y verduras y nos acercaremos a correos. Mandaremos la postal que le hemos escrito a un amigo que vive lejos. Se la debemos, fue su cumpleaños. Llegará con retraso, pero llegará. Nunca falto a mi cita desde hace tres años. Tendré ochenta y dos años y seguiré dibujando postales para él, aunque yo quizá viva en Australia y él en California.

Como vamos bien de tiempo, arrastro el cochecito de paseo con parsimonia. La niña rubia es simpática y reparte hola, hola, entre la gente que encuentra por la calle: turistas cargados con maletas, repartidores, paseantes con sus perros...Nos cruzamos con dos señoras de mediana edad. Nos sonríen:

-¡Qué simpática!
-Sí que lo es...
-¿Tendrías un momentito?
-Mmmm...
-Verás. Estamos dando a conocer la palabra de Dios y nuestra misión es advertir al mundo sobre la inminente llegada del fin del mundo.

Reflexiono unos segundos. Doncs a fer-ho que el món s'acaba...Pero mi respuesta grosera se atasca en la garganta. La mujer prosigue:

-Toma -busca un folleto en una carpeta de color marrón- léelo con atención. Te ayudará para preparar tu alma cuando llegue el fin de nuestros días.

-Mejor se lo dan a otra persona. Ahora estoy muy ocupada en el cuidado de la niña y apenas tengo tiempo para nada...

Las mujeres se despiden de mí con desánimo, mientras buscan con la mirada alguna otra alma incauta a la que atemorizar con sus predicciones.

Joder...¿Ahora va a acabarse el mundo? ¿Justamente ahora? Si la niña aún tiene que crecer. Si aún no me han librado de los brackets. Si he de sostener entre mis manos el cuento publicado. Si he de cambiar de vida...Ahora no puede acabarse el mundo...

Conforme me alejo de las dos visionarias me pregunto qué haría si me quedaran dos horas de vida, antes de que se acabe el mundo. Y pienso que volvería a casa.

Sí, vuelvo a casa con la niña dormida. En ella me espera mi marido. ¿Pero qué hace él en casa a la hora en que se supone debería estar trabajando? Le busco un empleo. Quizá trabaja en una fábrica y ha hecho el turno nocturno. No, no me gusta. Quizá es panadero y descansa por la mañana, cuando el resto del mundo está despierto. No. Si es panadero me pondría al frente de su negocio despachando pan y pasteles. Y yo lo que quiero es pasear a la niña rubia. Mejor es un escritor noctámbulo, con los biorritmos cambiados. Duerme hasta tarde y trabaja por la noche, aprovechando que en casa reina la calma. Por un momento he imaginado a Josep Pla como mi marido, acostado en su cama con la boina puesta y me he reído. Si él es Josep Pla, yo soy Adi Enberg. Sí, Josep y Adi, adjudicado. Eso seré dos horas antes de que se acabe el mundo. Y Adi volverá al hogar con pan recién hecho y tomates. Le preparará el desayuno al escritor. Se descalzará antes de entrar en el dormitorio para no despertarlo con el ruido de sus pasos sobre la tarima de madera. No quiere que se levante malhumorado. Se acuesta junto a él y le pide que la abrace.

Soy Adi y aún me quedan dos horas antes de que se acabe el mundo. Antes de que se acabe todo. Nanit, Adi. Nanit, Josep.

lunes, 25 de julio de 2011

HOWL

"Finalmente alguien me amaba como yo le amaba. Y por primera vez en mi vida, me sentí aceptado. Completamente."


jueves, 30 de junio de 2011

BRACKETS












Hoy me han dado la confirmación de la fecha que esperaba desde hace tanto tiempo: el 28 de julio, por fin, me quitan los brackets, llamados vulgarmente "hierros". Los he llevado durante casi tres años. En todo este tiempo me ha pasado de todo, pero lo mejor, mejor, es que he tenido éxito con los hombres. Hago recuento, a ver? mmmmmm. Sí. Bueno, tampoco tantos. Si en las mujeres he despertado compasión, ai, pobra, en los hombres he despertado ternura. Os cuento:
Se enamoró de mi humilde persona un músico valenciano. Tonteamos dos meses más o menos. Hasta la noche que le dije adiós después de un concierto de tangos. Antes me había pagado la cena con el dinero que ganó con su último bolo. Supongo que luego debió arrepentirse, lo de pagar la cena, pero no, creo no. Una pena, ya que me ofreció de pintar la terraza del ático de gratis.
Segundo: una noche necesité la ayuda de un operario del gas natural. La caldera del agua caliente no funcionaba. Era un guasón y me pidió de salir a tomar algo por ahí. Le dije que no, que estaba casada. No tienes pinta de casada. Bueno, es que él vive lejos y sólo viene los fines de semana, estará al caer. Como yo reía sin parar y trataba de ocultar los dientes me soltó: tía, ¡la ortodoncia mola! Le despedí con mis brackets a vista y cuando ya descansaba en el sofá, sonó el teléfono: ¿seguro que no quieres que te invite a una cerveza? No, que mi marido ya está en casa. He de colgar que es celoso... Tercero: un italiano me ofreció 300 euros si satisfacía su fantasía erótica de hacerlo con alguien que llevara ortodoncia. Le dije que no. Aún cuando me lo cruzo por la calle, me pellizca los mofletes y me dice: bella! Eres más guapa que Fiona, la novia de Shrek.
Mi sobrino Luigi me contestó a mi pregunta: ¿a que estoy fea con estos hierros en la boca? No, estás más guapa que nunca. Me lo creí, dicen que los niños nunca mienten.
Josep, una de las personas a las que más quiero en este mundo me preguntó por qué llevaba brackets. Le contesté que era una cuestión de autoestima. Endavant, doncs. Le sonreí y me abrazó.
Después hubo un tiempo de calma hasta noviembre del año pasado. Josep. Duró dos meses pero me enseñó a besar mientras nos reíamos de los hierros. Me queda un mes para aprovechar mi éxito con los hombres. A ver si aprendo y espabilo, que se'm passa l'arròs.
Conclusión. Si usted la que me lee quiere un hombre en su vida, que le diga guapa, le pague cenas, le pinte la terraza, le bese y le aumente la autoestima, ponga unos brackets en su vida. Su boca se lo agradecerá...

PS. Olvidaba al navegante que me regaló una rosa!

miércoles, 1 de junio de 2011

BLOGVILLE CONFIDENCIAL (sexo por compasión)




La vida en Blogville transcurre pacífica, demasiado. Hace dos años que aún convivimos todos los fundadores de la residencia geriátrica. Bueno, hay quien llega y se va, como Rita y Violette. También Fra Miquel se ha tomado unos días de descanso. Hay nuevos inquilinos que se apuntaron por no tener a nadie que les cuidara en la vejez, como Troyana. Y una pareja de científicos locos que se pasan el día encerrados en la buhardilla que dos años antes ocupaba el Veí: Xurri y su marido. Uno de los primeros nos abandona. Al menos, de momento. Aunque ha comprado un billete de ida y vuelta, pero ésta última sin cerrar. Me tiene mosca desde el día en que dejó de necesitar su bastón y salió por la puerta silbando una bossanova. Regresó cargado de bolsas de la planta joven del corteinglés. Dentro de ellas había media docena de camisas de estilo surfero y sus seis bermudas a juego. ¿Qué cómo lo sé? Porque tuvo la caradura de pedirme unos arreglillos de nada…Olvidaba decir que también vive con nosotros MK y su nórdico. En teoría viven aquí aunque apenas salen de su habitación, y no por estar impedidos, no. Lo contaré más tarde…

Os diré que Violette y Rita llevan dos meses viajando por la Índia en busca de Lahiri Mahayasa, el gurú de Yogananda. Tanta práctica de yoga y comida macrobiótica no podía llevar a nada bueno. En fin, que las echo de menos. Al menos sin Violette puedo fumar tranquilamente en la biblioteca. Me mandaba a chupar mis pestilentes cigarritos liados al jardín. Lloviera, nevara o cayera un sol que ajusticiara. Me pregunto cómo se lo hace Rita para fumar si comparten habitación allá donde estén. Preguntas como éstas me angustian.

Fra Miquel tiene lo que él llama un bajón de fe. A su edad, padre…Pasadas las últimas navidades, se fue al Desierto de las Palmas en busca de respuesta. Supongo que está bien. ¿Qué cómo lo sé? Porque cuando se fue registré su habitación: había dejado el cilicio en el cajón de su mesita de noche y se había llevado un cargamento de extrañas bolsitas de colorines made in Finlandia compradas unos días antes de su marcha en internet. No pude averigüar para qué eran porque oí los pasos renqueantes del Paseante y por poco me pilla in fraganti. Hubiera tenido que aguantar una charla del estilo: mira que te lo tengo dicho, Emily. No se hurga en cajones ajenos…

Ahora el jardín presenta un aspecto lamentable. Y hemos dejado de comer hortalizas frescas de la huerta. Ni el Veí ni el susodicho Paseante han querido hacerse cargo de él. Alegan alergia y lumbago respectivamente. Lumbago…ya te daré yo, Paseante. Pero yo cada día le doy de comer a la carpa del estanque. Me ofrecí voluntaria durante el tiempo que Fra Miquel se ha tomado de retiro. La cuido bien. Le guardo el pan seco y algún que otro mosquito que logro atrapar para ella.

Troyana es de las nuevas. Llegó a la residencia con un cargamento de películas de su época de directora de cine. En blanco y negro y subtituladas. Suerte que cuando nos invita a verlas, a mí me hace efecto la pastilla que me tomo para dormir y echo una cabezadita. Lo peor de todo es que cuando me voy a la cama no hay quien duerma. Es el momento MK. ¿Han probado de lograr el sueño cuando una pareja ha decidido amarse justo en el momento de cerrar los ojos? Ñic, ñic, ñic, ñic. Es insoportable. De nada me sirve golpear la pared con los nudillos, con la ayuda del tacón de un zapato o aporrear su puerta para protestar: son sordos los dos. ¡Así cualquiera! Lo peor de todo es que me siento fatal por protestar. Es muy duro que ella y su nórdico practiquen sexo mientras una pasa la mano por la pared. Yo no tengo sexo ni por compasión. Y lo echo de menos, vaya si lo echo de menos. Aunque acabo de cumplir 75 años hay una parte de mí que aún sigue despierta y no es el cerebro precisamente…

Como ya os he contado, ahora viven con nosotros una pareja de científicos: Xurri y Ferni. Están empeñados en demostrar el efecto beneficioso de los rayos gamma sobre las neuronas. Y como necesitaban cobayas para probarlo, nos ofrecimos voluntarios. Creo que la culpa de todo mi malestar físico es el jugo de pepinos que nos dan en ayunas para contrarrestar los posibles efectos adversos de sus rayos gamma. Aunque la mascarilla de pepino que prepara ella en la cocina me va de perlas para la piel.

Ahora sólo me queda hablar del tándem formado por el Veí y el Paseante.
El Paseante está raro. Bueno, siempre lo ha sido, pero ahora más. ¿Qué cómo lo sé? Porque por primera vez en lo que llevamos de convivencia, cada uno en su habitación, of course, se le ve feliz. Y no soy la causa de su felicidad, no, ¡joder! La causa de su repentina felicidad no es una viejita, no. Es una brasileña de pechos turgentes. ¡Qué cómo lo sé? Pues a los hechos me remito: ya no cojea. Ha dejado de fumar. Se compra camisas playeras. Toma el sol en la terraza para que “ella” le vea saludable cuando por fin se encuentren. Estoy destrozada. Tan destrozada que de momento dejo la crónica por hoy y salgo al jardín para dar de comer a la carpa y fumarme un cigarrito. Hace sol. Me siento en el borde de piedra del estanque y juego con Bruc. Aún le sigue gustando que le tire su pelota de tenis. Como un tontito. Ha envejecido, como yo. Se me escapan unas lágrimas de pena y me lame la cara. Está tan concentrado en su labor que no se da cuenta de que el Veí se ha unido a nosotros para hacernos un poco de compañía.

-Com anem?
-Nem fent…
-Ja ha marxat el carallot?
-Avui se’n va…
-Lia’m una cigarreta d’aquestes teves. La necessito.
-Si que estàs malament tu també…

El Veí calla. Callamos.

-Vols riure una estoneta? –de repente estoy animada.
-A veure…

Le cuento que hace dos días seguí al Paseante. Como me tenía mosca con sus sonrisas, sus suspiros, sus camisas estampadas y su billete de avión rumbo a Maracaibo llegué a la conclusión de que tenía que saber más. Até a Bruc con la excusa de su paseo matinal. El Paseante no caminaba, se balanceaba. Compró el Ara y se encaminó para leerlo sentado en su banco favorito del Turó Parc. Aquel que está junto al estanque. Esperé pacientemente, vigilando que Bruc no me delatara con sus ladridos. El futuro brasileño se tomó su tiempo. Cuando se cansó de leer, limpió los cristales de sus gafas con el delantero de su camisa floreada y siguió la marcha. Para mi sorpresa entró en una farmacia. Él, que en su vida se ha tragado ni un mísero ibuprofeno…Yo le miraba desde fuera, alargando el cuello para ver qué diantre envolvía el farmacéutico. Éste le hablaba al Paseante como si le aconsejara, señalando con el dedo tres cajas blancas. El Paseante asentía con la cabeza baja. Sí, sí, sí. Parecía impaciente por pagar. Guardó el paquete en el bolsillo derecho del pantalón y salió. Yo me oculté detrás de un árbol y esperé para que llegara a la residencia antes que yo.

-Quines pastilles va comprar? –me pregunta el Veí.
-Viagra. Les pastilletes blaves, ja saps.
-Ni idea, no em calen…
-Cony, no et calen perquè ja no fas res de res, com jo.
-Com ho saps?
-Cony, sembla mentida…si a mi no se m’escapa res del que passa a la resi.
-Sí, t’he fet una pregunta ben absurda…
-Bé, però el millor de tot està per venir…Ahir vaig comprar per internet jo també…I avui ja ho tinc a casa. He comprat tres capces de Piagra. Són de fabricacio xinesa, ja m’entens…

El Veí abre los ojos y asiente.

-Piagra per Viagra…El que donaria per veure la cara del carallot quan vegi que les pastilletes blaves no li funcionen…Ha, ha, ha. Ja té raó la Violette quan diu: ets la pera, Emily!

Los dos nos hemos animado. Finalmente el Veí se levanta para estirar las piernas. Parece querer abandonarme. Nos despedimos con dos besos. Da unos pasos y se gira para hablarme de nuevo.

-Què n’has fet de les pastilles bones?

Me pongo la mano en el bolsillo y saco un puñado de pastillas azules. Se las muestro con una sonrisa.

-No creus que és una llàstima no fer-les servir?
-És una proposició indecent, Veí? Finalment t’has decidit?
-Dona…si no tens res millor…
-Ves a dalt i espera’m. Vaig a buscar aigua...

Me quedo pensando. Tres cajas de viagra a 50 pastillas por caja: 150 pastillas azules. Una locura. Al fin sexo, por compasión, o no.

sábado, 21 de mayo de 2011

VOLANDO VOY



Com és que si, en teoria, sóc una dona complicada, la meva vida és tan simple?

domingo, 15 de mayo de 2011

LEJOS DEL MUNDANAL RUIDO





-No es cierto que se va, ¿verdad que no?

-Quizá me quedase con una condición. Únicamente con una condición.

-¿Cuál es?

-Esta: que donde quiera que yo mire, allí estés tú. Y donde quiera que tú mires, me veas a mí.

jueves, 5 de mayo de 2011

lunes, 25 de abril de 2011

UN VEÍ ENTREMALIAT





Ell és l’únic que entén les meves contínues bromes, a vegades fora de lloc, ho reconec. M’ho permet tot, com a nena malcriada que sóc. Tot m’ho perdona: quan li envio fotos picants, quan rep mails que em dóna per escriure el dia universal de l’amor, quan el deixo lligat dues setmanes en una habitació i m’enduc la clau que obre la porta, quan l’imagino fent un programa nocturn de sexe a la tercera edat.

Quan sembla que ja no escriuré més, em proposa un joc. I com m’agrada jugar, li dic que sí. Li conto que quan em poso el vestit negre faig malifetes i acabo al lavabo del Morrysom amb els ulls embenats. Em demana que comenci a escriure una història veïnal; encara no és a la porta dient-me adéu i ja la tinc pensada. Em fa l’encàrrec de buscar un llibre per a Sant Jordi i ja el tinc comprat.

A canvi, em fa regals que arriben per correu ordinari amb una nota amable, com és ell. O m’escriu apunts on suposadament parla de mi, tot i que no ho vol reconèixer… Crec que m’estima, a la seva manera i a mi ja em va bé. Jo també l’estimo a la meva manera. Li vaig donar el personatge del barber periodista, que tots els qui em llegiu coneixeu. I el vaig imaginar com a Robert Mitchum.

Fa dies que li dec un post, d’aquells meus, on escric tot el que em passa pel cap i on sempre li dono el pitjor paper. És una continuació de Blogville crepuscular. Demà m’hi poso… Espero que em perdoni. Aquesta vegada estem junts a la mateixa habitació, i em quedo…



jueves, 14 de abril de 2011

PRIMEROS PASOS


Parece que, a partir de ahora, si quiero un beso, tendré que ganármelo. Lo que significa que tengo que estar permanentemente de buen humor y contarle una historia bonita que me pase cada día antes de ir a dormir, como Sherezade. Si no hay relato, no hay beso. Lo que me faltaba…

Pues allá voy: ayer, y como todos los días, salí con la niña rubia a pasear. La llevé al rompeolas y nos sentamos junto a dos parejas de jubilados en un banco frente al mar. La pequeña se entretuvo mirando las olas en su volver a la playa. Fui testigo mudo de la conversación de los ancianos y sólo sonreía de vez en cuando. Al final, y después de anécdotas de pesca de pulpo y doradas, una de las mujeres dijo: “sigamos paseando, que si esta joven nos entendiera, pensaría lo locos que estamos los catalanes”. Me habían tomado por una extranjera. La otra mujer le respondió: “¿y cómo sabes que no te entiende?”. Al final me reí y les aclaré que también yo era catalana. La niña rubia se giró y las miró. Las mujeres exclamaron: “què maca!, gaudeix-ne, que aquests anys passen volant…”. Les dije que era su tía y después de darles la razón, cogí a la niña en brazos y me despedí de los jubilados catalanes para seguir con nuestro paseo. Nos cruzamos con un hombre al que le acompañaban una pareja de perros salchicha que nos ignoraron. De regreso a casa me encontré con una conocida y su perro alargado. Nos pusimos al día de nuestras vidas y nos despedimos. El pueblo junto al mar donde paso la mitad del día, tiene el porcentaje más alto de perros salchicha de la comarca, para alegría nuestra. Ocupé mi tarde arreglando el pelo del setter que vive conmigo su jubilación. Como Bruc se puso celoso, también él tuvo su sesión de peluquería canina.

Hoy ha sido más o menos lo mismo, paseo y charlas al azar con gente que no conozco. Pero, de regreso a casa, me ha llamado Sumpta, mi hermana mayor. Me ha contado que ya está de vacaciones, que mañana hará cambio de armario y que apartará los vestidos de algodón de su hija para que yo pueda comenzar su colcha de patchwork hecha con las prendas de su infancia. La semana que viene nos veremos. La llevaré a una tienda de delicatessen donde venden huevos de pascua Fabergé. Igual hasta me animo y compro uno para mí.

Por la tarde una llamada telefónica ha interrumpido mi siesta junto a Bruc. Era mi hermano. Estaba eufórico. Nuestra niña rubia ya anda sola. Me ha contado que la pequeña ha enderezado su espalda y ha mantenido el equilibrio, tan fácil como esto. Ya no hay marcha atrás. Mañana espero que me reciba caminando, como años atrás hizo mi hija, como hizo Javito y Luigi. Como hizo la niña de rizos morenos, la que tendrá su colcha de retales de su infancia para que me recuerde cuando se vaya a estudiar a la gran ciudad. Quizá allí estaré yo, esperándola.

Mañana espero encontrar a la vecina de al lado, la que me pregunta sobre los progresos de la niña rubia, para decirle que ya camina. Seguro que me contesta: ¿ya habla?. Y habrá que joderse de nuevo…

Por cierto, mi hermano me ha avisado que encontraré una caja con gusanos de seda. Me ha pedido que recoja hojas de morera para su alimentación. Lo que me faltaba. No tengo suficiente con dar papillas a su peque y cuidar de su setter jubilado. Ahora tendré que encaramarme a los árboles en busca de hojas tiernas para sus gusanos de seda, mientras la niña rubia me mirará con ganas de imitarme. Pero lo de subir a los árboles, ya se andará, pequeña. Entretanto, que tu madre reserve tus vestidos de algodón. Para que un día puedas envolverte con tu colcha de patchwork y te acuerdes de la boba de tu tía. La que te cuidaba en los días marítimos. La que debe contar cada noche una historia antes de irse a dormir si quiere ganarse un beso…

jueves, 7 de abril de 2011

DÍAS MARÍTIMOS




Hoy, en mi paseo diario junto a la niña rubia, nos hemos detenido un momento para mirar la obra de un pintor aficionado. Ya lo habíamos visto otras veces dibujando el paseo marítimo pero hoy, me he atrevido a curiosear. No le ha importado, al contrario. Me ha preguntado qué me parecía el cuadro. He tardado un minuto en contestar y al final le he dicho: “da paz”. El hombre se ha quedado pensativo y me ha respondido: “sí, es lo que siento yo estos días”. He sonreído y hemos continuado nuestro paseo hasta el final, cruzando con el cochecito el puente de madera y metal que hay frente a un restaurante.

Cada día, la niña y yo buscamos un recorrido diferente. Un día me da por buscar el lugar donde hagan el mejor croissant y nos sentamos en la plazoleta que hay frente al mar para comérnoslo. A ella le doy una patita y yo me como el resto. Luego, y si tenemos ganas, le mandamos un sms a un amigo. A la niña le dejo apretar la tecla de enviar (ahora está en fase apretar botones de ascensor y teclas). Otro me pierdo expresamente en el barrio marinero, buscando las casas blancas con geranios en los balcones, abiertos para dejar entrar el aire fresco. Como cada día, nos cruzamos con la señora a la que acompaña un perro salchicha, tan altivo como Bruc. La niña rubia lo señala con el dedo. Por suerte le gustan los perros, como a mí. Luego nos cruzamos con la pareja que hace footing. Seguidamente aparece la anciana a la que le gusta pararse un ratito para descansar y aprovecha para hablarme. Hace dos semanas me dijo que la niña se parecía a mí. Yo le aclaré que no era su madre, pero que era su tía. La mujer vio que había metido la pata, ya que la pequeña y yo no nos parecemos en nada. Ella es rubia y yo morena y difícilmente hubiera salido alguien rubio como ella a no ser que el padre fuera un nórdico, cosa improbable. Continuó la conversación y me explicó que en su juventud había estado al cuidado de cinco niños, y que la querían más a ella que a sus propios padres. Que un día los progenitores de la numerosa prole se fueron de viaje y ella y los niños no se acordaron para nada de ellos. Al contrario, cuando regresaron los ignoraron y se agarraron a las faldas de su tata para que no se fuera sin ellos. La vida es así.

Hoy me he decidido por bajarla a la playa. La he vestido de niña, la he peinado con dos coletas y hemos caminado empujando el cochecito de bebé hasta dar con el puente que nos gusta. Antes he cogido unas margaritas y he adornado su cabello con ellas. Yo, que prefería a los chicos antes que a las chicas, ahora peino coletas y prendo flores en ellas. Cuando le cuento a mi amiga la Bruji lo guapa que es la niña me recuerda con sorna: “ui sí, la que quería un niño…” y me callo dándole la razón, con lo que me cuesta…En fin.

Regresamos a casa cuando el sol empieza a picar y nos paramos por última vez para arrancar una mata de romero. Y como tengo un refrán para cada ocasión le digo a la niña: quien va al campo y no coge romero, no tiene amor verdadero. Por si las moscas, arranco una rama para mí. Antes de entrar en casa vemos a la vecina de al lado esperándonos. También le gusta hablar y me pregunta sobre los progresos de la pequeña. ¿Ya anda? ¿ya le han salido los dientes? Y le muestro orgullosa los cuatro dientes de leche que ya asoman. La mujer me hace una observación al ver que los dos incisivos superiores están ligeramente separados: “dientes de mentirosa”. Y se queda tan ancha. Hay que joderse…

Hoy hemos dibujado corazones en la arena para que el mundo sepa que nos queremos.
 
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