martes, 15 de septiembre de 2009

TÍA EMILY LOS PERROS DE SU HERMANO


Lametones, bostezos, ladridos, pelos, olor, pipi, caca, paseo, siesta, juegos, pelotas, huesitos, comida.

Lluvia, té, costura, cariño, collejas, gritos y abrazos. Cansancio y bostezo.

¿Merece la pena? Sí, sí, sí...

jueves, 3 de septiembre de 2009

BLOGVILLE CREPUSCULAR


LA NUBE

Casi todas las discusiones tienen su origen en una pequeñez, y la nubecita que asomó y que en un principio parecía inofensiva, acabó descargando un gran chaparrón sobre mi cabeza. La nuestra empezó cuando el ordenador que compartíamos los residentes se cansó de vivir y nos reunimos en la biblioteca para discutir la compra de uno nuevo.

Hace treinta años tuve la feliz idea de que, si los que habitábamos en Blogville no acabábamos en nuestra vejez emparejados y sin nadie que nos cuidara, habitaríamos juntos en una residencia especial, donde cada uno viviría su vida como le apeteciera, lejos de disciplinas, pastillas que nos adormecieran para no molestar y acompañados de nuestras mascotas.

El primero en llegar fue el Veí de Dalt. Vive en la pequeña buhardilla de lo que en su tiempo fue una casa señorial de la parte alta de Barcelona, buscada expresamente cerca del Turó Parc. Esto último era primordial, ya que el Paseante se apoya en un bastón debido a su cojera y sus paseos ya no pueden ser tan largos como antes. Quisimos que estuviera cerca de su estimado parque. El Veí ocupa casi todas sus horas en mantener su blog actualizado y en el programa de radio que él mismo ha ideado para que los ancianos disfruten de su sexualidad sin prejuicios. Se llama Encuentros en la tercera edad y lo emite de lunes a jueves a eso de la medianoche. El viernes se toma un descanso y desaparece sin decir nada. Regresa al amanecer con evidentes signos de cansancio reflejados en su rostro. Para entonces yo ya estoy con mi té frente al ordenador y nos saludámos con un ligero movimiento de cabeza. Nunca le preguntamos adónde va, pero lo imaginamos.

Violette y Rita llegaron juntas. Ocupan dos habitaciones contiguas con vistas al parque. Las muy puñeteras supieron elegir las mejores, privilegios de conservar su encanto y su belleza intactos pese a su edad. Violette llegó acompañada de sus tres gatos y cuando se marcha de viaje, éstos quedan al cuidado del Paseante al que siempre le han gustado los felinos. Pienso que él mismo es uno de ellos por lo sigiloso de sus pasos. Aparece y desaparece como por arte de magia aunque a veces le delata el sonido de su bastón al golpear el suelo.

Rita es un torbellino. Envidio su actividad frenética. Para mi que toma pastillas euforizantes aunque ella lo niegue. Mantiene su cuerpo y mente en forma con la ayuda de Violette. Las dos se levantan cada día con el alba y practican yoga en la terraza que comparten. Un día las veremos volar sin alas a través de la ventana de la biblioteca, levitando. De mantener su cuerpo en forma también se ocupa Fra Miquel y no me malinterpreten. El fraile ha dividido el jardín en dos partes. En una cultiva todas les especies de plantas habidas y por haber. La otra la dedica a la agricultura ecológica y con sus productos nos autoabastecemos. Nunca comemos tomates fuera de temporada y si queremos berenjenas en invierno, las compramos en el mercado sin que él se entere. Para cuando se percata ya están servidas en el plato. Se enfada, pero como es de buena pasta su enojo suele durar poco. Las primeras rosas que corta son para las tres mujeres que habitamos el lugar.

El siguiente en llegar fue el Paseante. Aunque en un principio se resistía a abandonar su pequeño apartamento, al final claudicó cuando, tras regresar a casa después de una operación de cadera, las escaleras resultaron ser un obstáculo demasiado insondable incluso para él. Se enorgullecía de ser la persona que mejor conocía la ciudad debido a sus largos paseos. Pobre Paseante, al final sus piernas parecen abandonarlo. ¿Les cuento un secreto? Creo que Violette y Rita aún siguen enamoradas de él. Y para qué negarlo, yo también. Yo llegué mucho después que el Paseante.

También me resistí en abandonar mi casa. Creí, ilusa, que alguno de mis cinco sobrinos se apiadaría de mi y me cuidaría en la vejez. Pero no fue así. El destino quiso que cada uno de ellos viviera en un país diferente y yo les resultaba una carga demasiado pesada para sus atribuladas vidas. Al final acepté mudarme y hace seis meses que comparto habitación con el cuarto descendiente directo de mi fiel Bruc. El perro ha heredado el mal carácter de su tatarabuelo. Es arisco y mordedor y ya han probado sus mordiscos el Veí, que siempre me amenaza con envenenarlo, Fra Miquel, al que muerde el dobladillo de su hábito, cosa que yo remedio con aguja, hilo y una disculpa, y el Paseante, aunque éste se defiende de sus ataques armado con su bastón. A las mujeres las ignora, desconozco lo extraño de su comportamiento. No obstante, pienso que es igualito a su ama. Huraña, arisca y mordedora.


LA TORMENTA

La reunión para discutir la compra de un ordenador nuevo transcurre en la biblioteca. Yo soy la primera en asistir, como siempre. Ando algo nerviosa pues empiezo a notar el síndrome de abstinencia en mi organismo. He decidido, a mis setenta y tres años, dejar de fumar. Rita y Violette acuden huracanadas, despeinadas por el viento que ha empezado a soplar, acompañadas de el Veí, a las que siempre lisonjea. A su edad no creo que cambie su comportamiento. Genio y figura. Fra Miquel aparece unos minutos más tarde, disculpándose por su retraso.

-.No me he dado cuenta de lo tarde que era hasta que he oído tocar las siete. Perdonadme.
-Queda perdonado y absuelto, padre -le contesto con ironía.
-Veo que el Paseante aún no ha llegado -comenta Fra Miquel.
-Ha debido tropezar con su bastón …-responde el Veí con su habitual sentido del humor. Después de tantos años aún mantiene su rivalidad con el Paseante, aunque en el fondo se quieran y se respeten mutuamente más de lo que jamás se atreverán a confesar en público. Mantengo mi vieja teoría de que entre ellos existe una tensión sexual aún sin resolver.
Al final aparece el Paseante, saluda y busca un sillón cerca de la ventana. Se saca uno de sus cigarrillos que él mismo lía y lo enciende. Estira sus piernas y se relaja.
-¿Empezamos? -pregunta el Paseante.
-¿Tendrás cara! Hace media hora que te esperamos. Supongo que era pedirte demasiado que acudieras puntual -le recrimino.
-Ya deberías conocerme después de tantos años, Emily…soy así. -me contesta con indolencia.
-Tengamos paz, queridos hermanos, y comencemos la reunión -Fra Miquel toma la palabra-. Como ya sabemos todos los aquí presentes, nuestro querido ordenador nos ha abandonado esta mañana. Debemos decidir la compra de uno nuevo o si, como nos aconseja sabiamente el Paseante, compramos uno de segunda mano.

El Paseante asiente con la cabeza satisfecho.

-Que sea nuevo -intervengo yo-. Y a poder ser y según el estado de nuestras finanzas, un Mac de última generación.
-No creo que sea el momento de derrochar. En lo que va de siglo estamos a punto de entrar en una segunda crisis económica, según he oído en los medios -alega el Paseante.
-Y, a nuestra edad, ¿en qué nos puede afectar a nosotros la crisis? Por lo que nos queda de estar en el convento…perdone, padre -ahora me avergüenzo de lo poco afortunada que he sido.
-Creo que deberíamos hacer una votación y que decida la mayoría, ¿no? -interviene cándidamente Violette.
-El que inventó la democracia y las dichosas votaciones hubiera tenido que morir ahogado en sus propias palabras -comento con asco. Noto cada vez más el nerviosismo que me provoca la carencia del monóxido en mis pulmones. Me acerco al Paseante y me siento junto a él para inhalar algo del humo de su cigarrillo.
-¿Has vuelto a quedarte sin tabaco? -me pregunta el fumador.
-No, he decidido dejarlo para siempre -le respondo.
-A ver cuánto tiempo aguantas esta vez, desde que te conozco lo has debido intentar unas doscientas veces -ríe el Paseante.
-Esta vez he decidido que será la definitiva.

Rita toma la iniciativa y empieza a repartir los papelitos cuadrados donde escribiremos: nuevo o segunda mano. Violette es la encargada de anotar en la pizarra el resultado de la votación. Nuevo: dos votos (seguramente uno del Veí y el mío). Segunda mano: cuatro votos.

-Queda aprobada la compra de un ordenador de segunda mano -anuncia Fra Miquel-. Y el encargado de su compra será el Paseante.

El Paseante sonríe satisfecho por el resultado. Él y sus malditas crisis económicas. Acepto mi derrota, busco la chaqueta donde guardo secretamente los cigarrillos y me encamino hacia la puerta con la intención de abandonar airada la reunión y de fumarme a escondidas el primer cigarrillo desde hace seis horas. Me despido dando un sonoro portazo. Reconozco que soy débil y que he perdido la partida. Total, para lo que me queda…

Subo a mi habitación y me siento en la cama cansada. Enciendo el preciado cigarrillo y decido llamar a MK. Me hubiera gustado que hubiésemos compartido nuestros últimos años de vida juntas. Pero tuvo la inmensa suerte de conocer a un apuesto nórdico retirado en su isla y han decidido practicar el naturismo hasta el fin de sus días. Allí vive feliz, con sus perros, su hijo mayor con su mujer y tres de sus nietos. Pero lamentablemente, no responde a mi llamada. A ver si el Paseante espabila y compra el ordenador. Al menos conectaremos la webcam y nos desearemos felices fiestas.


LA CALMA

Me acuesto ya más relajada y reflexiono. Me he comportado como una maleducada y me arrepiento. Luego pediré a Fra Miquel que me confiese y me absuelva de mis faltas. Suele ser benévolo en la penitencia que me impone. Normalmente me recomienda un paseo por el jardín y que le ayude a recoger las hortalizas del huerto. Casi consigo quedarme dormida cuando oigo unos golpes en la puerta.

-Abre, soy yo -es la voz del Paseante-. Ata a la fiera.

Me levanto y abro la puerta con el perro en brazos. Los tengo que mantener separados a una distancia prudencial. Aún recuerdo con risa el primer ataque a su persona de mi primer Bruc.

-¿Ya se te ha pasado el enfado? -pregunta mientras se sienta-. ¿Has fumado?
-Y a ti qué te importa -contesto aún más enojada.
-Va, hagamos las paces. No me gustan estas situaciones de tensión, ni contigo ni con nadie. ¿Me harías un favor?
-Dime.

De una bolsa de papel marrón saca un par de zapatillas de andar por casa.

-¿Me coserías los dos agujeros de la punta?. No consigo cortarme bien las uñas de los pies y siempre acaban igual. Da pena tirarlas, aún son nuevas.
-Déjalas ahí, si tengo un momento veré qué puedo hacer -le contesto distante.
-Esta noche llegan Khalina y Alatrencada. ¿Bajarás al concierto? Igual te dedican tu aria preferida….
-Seguramente. Tengo ganas de verlas. A ver si con su voz mejora mi estado de ánimo.
-Bueno, furreta. (Hace treinta años que me llama así). Voy a estirar un poco las piernas. Nos vemos después.
-Hasta luego.

Cuando me doy cuenta de que se ha dejado la bufanda que le tejió MK en el sillón me da por llorar. Ato la correa al collar del perro y salimos en su búsqueda. Me cuesta alcanzarle pero al final lo consigo.

-¡Paseante, la bufanda! -se la pongo alrededor del cuello, dejando las puntas desiguales-. ¿Te importa que te acompañe?

Me ofrece su brazo como respuesta.

-Esta tarde mi comportamiento no ha sido de lo más adecuado…-me disculpo.
-Calla. Si hemos de caminar juntos hasta el Turó Parc procura mantener la boca cerrada.

Al final pienso que tampoco ha sido un mal día del todo. De vuelta nos esperan las cantantes y la cena de Violette. Y Fra Miquel, y Rita y el Veí de Dalt. Por suerte para todos, hoy no es viernes.
Demano perdó als protagonistes del relat per haver utilitzat els vostres noms sense permís i per fer sortir paraules de la vostra boca quan han sortit de la meva imaginació. Jo m'ho he passat molt bé i espero que vosaltres també. I que ningú s'enfadi!









jueves, 13 de agosto de 2009

EL VESTIDO NEGRO




Para Troyana e Iduard, que me pidieron sexo en los relatos.


Entra como si estuviera en su casa, se sienta y se desata los zapatos, sin dejar de mirarme. Se estira y se relaja fumando un cigarrillo. Nunca me pide permiso para prender uno. No lo necesita. Si se lo negara, lo encendería igualmente.

Llevo dos años escuchando sus historias. Aunque ya tiene el alta médica, sigue acudiendo a mi consulta cada jueves. Yo la espero con impaciencia. Tengo una teoria respecto a ella: creo que durante dos años se ha inventado una vida con sus fantasías.

-Hoy lo he vuelto a hacer -espera una palabra mía.
-Dispara -respondo.

Aspira profundamente el humo de una calada, y continúa. Aprovecho también para relajarme y le robo un cigarrillo.

-Siempre me sucede lo mismo cuando llega el buen tiempo. Busco en el armario las prendas que guardo de la temporada anterior y reaparece el vestido negro. Me lo pongo y decido salir a la calle sin ropa interior.

La observo. Todavía lo lleva puesto.

-Espero un autobús y elijo el que va más lleno. Como debo de ir de pie, me sujeto a una barra para no caerme y no transcurren ni dos segundos cuando siento la respiración de alguien en mi nuca. Observo su reflejo en el cristal de la ventanilla y si el hombre que está detrás de mí me gusta, le sonrío. Cuando el conductor toma una curva a velocidad excesiva, me dejo ir. El hombre me agarra de las caderas y aprovecha para frotarse en mi culo. Busco dónde puedo apearme y aprieto el botón rojo de parada. Él se sitúa cerca para seguirme. Camina a cierta distancia y noto cómo me mira. Entro en el Morryssom, y me siento en un taburete frente a la barra. Dejo el bolso a mi lado, pido una cerveza bien fría y estudio las tapas. Tengo apetito. Él también ha entrado y ocupa una de las mesas que quedan libres. Continúa mirándome, tal vez esperando una señal mía. Tomo un sorbo de cerveza y enciendo un cigarrillo. Él hace lo mismo en su mesa y deja escapar el humo mirando al techo.

-Por qué has elegido el Morryssom? -le pregunto con curiosidad.
-Porque me gusta, por nada más -responde contrariada ante mi inoportuna interrupción.
-Pues como te decía. ¿Por dónde iba?
-Él fuma.
-Ah, sí. Continúo ¿no?

Asiento con la cabeza.

-Apago el cigarrillo y tomo otro trago de cerveza. Cojo el bolso y camino hacia el lavabo, esperando que él me siga. Está ocupado y aguardo en el pasillo. Cuando estoy a punto de entrar, me empujan hacia su interior con violencia y me sujetan las muñecas por la espalda. Me tapan los ojos con un pañuelo y me obligan a girarme. Mi corazón ha comenzado a latir, cada vez con más fuerza. Dudo entre gritar o dejarme hacer. Pero unas manos que parecen de mujer por su suavidad ascienden por mis muslos, levantándome la falda “¿Lo has hecho alguna vez con una mujer?” me pregunta una voz femenina. Le contesto que no con la cabeza y me dejo ir. “Nunca”. “¿Acostumbras a ir sin ropa interior?” Sonrío. “Sólo cuando me pongo este vestido”. “Yo no llevo jamás” asegura ella. “Cuando he visto que no se te marcaban las bragas en el vestido de punto, he sabido qué querías”.

Mientras me va narrando lo que hacían entre ellas, cojo otro cigarrillo del paquete.

-¿Sigo?
-Claro. Sólo quería fumar.

-La mujer parece experta en el arte de amar a las mujeres. Une su boca a la mía y me acaricia un pezón sobre la tela del vestido. Me besa el cuello y va descendiendo con sus labios hasta los pechos. Ahora sus manos han llegado a mi sexo y me separa las piernas. “Ábrete”, ordena. Le hago caso y comprueba con un dedo mi estado. Estoy realmente excitada. Se me nota. Me entra suavemente y mueve la mano sin dejar de besarme y moverse dentro de mí. Siento que en cualquier momento llegaré dónde quiero, y al final lo consigo. Tengo una explosión en mi interior como hacía años que no sentía. Llaman a la puerta y nos seguimos besando cogidas de las manos. Le quiero corresponder pero ella me detiene. “Tranquila, volveremos a encontrarnos” asegura. Intento desprenderme del pañuelo que me tapa los ojos, pero ella me lo impide. “Déjatelo hasta que yo me haya ido. Te lo quedas como recuerdo”

Se queda callada unos minutos y vuelve a encender un cigarrillo. Se incorpora y busca algo en el interior de su bolso. Saca un pañuelo y sonríe. Se levanta y camina hacia mí con una expresión risueña en la mirada.

-He decidido que hoy es el último día que nos vemos. No querrás decepcionarme, ¿verdad? -me pregunta mientras me tapa los ojos con la prenda de seda.
Gracias a Gemma y a Joan por corregirlo y traducirlo. Y al Veí por publicarlo en su blog.

jueves, 30 de julio de 2009

EL FANTASMA SE DESPIDE


"Cuántas cosas nos perdimos, Lucía, cuántas cosas nos perdimos... Adiós, mi amor".

El Fantasma y la Sra Muir


Querida Emily:
Creo que no sabes de mi existencia, aunque a veces parece que me intuyas. No sabes que vivo junto a ti desde hace tiempo. Cuando decidiste venir a vivir a tu nueva casa, que es la mía, no sabes cuánto me alegré. Llegaste cargada con todas tus cosas, a las que poco a poco has ido encontrando un hueco. También llevabas a tu perro enano, ese que sigue tus pasos por dondequiera que vas. Él sí me ve. A veces me despisto y consigue morder las perneras de mis pantalones para avisarme de que él es quien manda en la casa y que va a hacer lo posible para protegerte. Me sería fácil deshacerme de él, pero sé la pena que te causaría su pérdida.
A veces tengo ganas de jugar y consigo asustarte, como cuando me convierto en viento del norte y cierro las puertas tras de ti. O hago volar las cortinas mientras me río estruendosamente. Me siento a tu lado mientras trabajas. Bebo de tu copa y robo tu cigarrillo cuando lo dejas reposar en el cenicero. ¡Cuánto echo de menos fumar! Me acuesto junto a ti cuando haces la siesta que nunca perdonas. Entonces cojo de tu mesita de noche el libro que lees y ojeo sus páginas hasta que yo mismo caigo en un sueño profundo. No sabes cómo me gustaría hacer descansar para siempre mi pobre alma errante.
¿Sabes cómo llegué a esta casa? Unos desaprensivos me invocaron en el juego de la tabla adivinatoria. Y desde aquel día vago noche y día por el que ahora es tu nuevo hogar. Ya sabes que tu casa ha sido habitada antes por otras gentes. A todas las he ido echando con mis risas y mi presencia. Se marchaban hartos de no tener un solo día de descanso. Pero a ti no consigo asustarte porque un día supiste que en estas cuatro paredes algún día serías feliz…Completamente feliz.
Mi espíritu te sigue por todas partes como tu perro faldero. Te observo cuando comes, duermes, cuando te maquillas y examinas tus dientes ya casi perfectos frente al espejo. Luego sacas la lengua para reírte de ti. O cuando te vistes ajena a mi presencia mientras escoges la ropa que te pondrás ese día. O cuando faenas en la terraza pintando sus paredes, plantando esquejes y regando al atardecer. A veces bailas sola y te marcas unos pasos de tango mientras cantas, “negro nubarrón que le ha robado la alegría al corazón”. Entonces se te escapan unas lágrimas y es justo en este momento cuando me gustaría materializarme, abrazarte y ser tu pareja de baile eterna.
También ríes con frecuencia, sobretodo frente a un objeto que no consigo adivinar y tengo celos de lo que provoca tus risas. Pero soy yo quien vigila tu sueño mientras te cuento al oído lo que ha sido mi vida.
Esta noche me despido de ti. Has escogido la vida, he decidido marcharme. Pero permíteme que sea yo quien venga en tu busca cuando abandones este mundo real. Cogeré tus manos, te levantarás y me seguirás mientras echas una última mirada a las estancias donde un día fuiste feliz. Eternamente feliz.

jueves, 25 de junio de 2009

SEXUAL HEALING

Per a Joan. Se'n riurà de mi i em recordarà eternament la meva negació a tornar a escriure. Gràcies, furret. I per què no, al Veí de Dalt. Ell ja sap perquè.


-Estás bien. Los análisis están perfectos y de momento no existen motivos para preocuparnos más de lo necesario. Podríamos seguir efectuando pruebas, como una punción medular, pero de momento lo descarto. Te haré un hemograma cada tres meses para encontrar una posible enfermedad de la sangre, pero…Si aparecen nuevos síntomas, sólo tienes que pedir visita nuevamente.
La doctora clava su mirada en mí.
-En ti sólo veo a una mujer delgada.
-Y, ¿a qué se deben los ganglios inflamados y el nivel de leucocitos demasiado alto? –pregunto poniendo cara de póker.
-Mira -responde la doctora- a veces nuestro cuerpo pide cosas que nuestra mente no admitiría nunca. Y empiezan las señales de alarma para que reaccionemos.
-¿Algo como qué? –interrogo.
La doctora se levanta de su sillón y se dirige a la puerta para cerrarla con llave.
-Te voy a ser sincera –continúa, bajando la voz –creo que lo que realmente necesitas es unos días de descanso en El Final Feliz. Aparentemente y desde el exterior, es una residencia geriátrica. Los venerables ancianos de cabellos blancos que pasean por el jardín, en realidad son simples actores que actúan como tapadera. Lo que ocurre dentro sólo lo sabes al cruzar el umbral de la puerta de entrada.
Reconozco que no entiendo nada, pero la escucho interesada.
-¿Qué ves en mí? –me pregunta la doctora-. ¿Te has fijado en mi piel?
Observo que pese a su edad, la mujer luce una piel perfecta.
-Pues antes de saber de la existencia de El Final Feliz, mi aspecto era como el tuyo. Delgada, triste, apagada, apática…Y con esa arruga entre la cejas de fruncir el ceño como haces tú ahora.
Relajo los músculos faciales para disimular mi desconcierto.
-Aquello es lo que llamaríamos la Disneylandia del sexo. Un verdadero paraíso habitado sólo por hombres que están a tu servicio. Los hay de todas las razas y nacionalidades.
Mi última cena allí fue sushi servido en un oriental.
Sigo sin comprender.
-¿Entiendes? El sushi estaba servido sobre un hombre oriental. Y no te imaginas dónde estaba el wasabi...
A estas alturas de la conversación mi mandíbula inferior está completamente desencajada.
-¿Conoces a Stieg Larsson?
Asiento con la cabeza.
-¿El escritor famoso que ahora está de moda? –pregunto.
-Pues un fin de semana me contó que está escribiendo la cuarta entrega de Millenium. Conversábamos amigablemente en las hamacas del jardín y cuando me despisté estaba atada a una cama con unas esposas cubiertas de peluche rosa. Estos periodistas con gafitas parecen normales, pero esconden una personalidad de lo más extravagante.
-Creí que Larsson había muerto, lo leí en una revista.
-¡Qué va! Quiso desaparecer durante unos meses, su vida era un completo infierno, y pactó con su mujer una muerte que parecía anunciada. Era adicto a los cafés y un fumador empedernido. Le fue fácil simular un ataque al corazón frente a los trabajadores de la editorial que iba a publicar su libro.
-Vaya…
-Puedes tener a todos los hombres que quieras y dar rienda suelta a tu imaginación. Deberías ver a perfectas mujeres casadas pasear de la mano de algún actor conocido, y las altas ejecutivas… son las peores.
-Bueno, tendría que mirar el estado de mi cuenta corriente antes de decidirme…
-Tranquila, lo financian todo. Necesitas un descanso, hazme caso. Eso sí, el tratamiento es altamente adictivo.
Me despido de la doctora pensando que está completamente chalada. Me ha dado a entender que lo que realmente necesito es una completa cura sexual. Qué desfachatez.
Voy cavilando sobre el asunto hasta llegar al aparcamiento. Subo al coche y enciendo un cigarrillo. Decido llamar y marco 6667830 y dos números más.
-Residencia geriátrica El Final Feliz, dígame. ¿En qué podemos ayudarle?
-Necesito ingresar a mi madre –miento descaradamente.
-¿Y en quién ha pensado para que asista a su madre durante su estancia? –interroga una voz masculina y muy sexy.
-¿Marvin Gaye… está disponible? –balbuceo mientras fantaseo en un posible encuentro con el cantante. Me he imaginado sobre él y a punto para extender sobre su cuerpo un bote entero de nata en spray. Me apetece un suizo.

lunes, 27 de abril de 2009

EMILY CALLA


Hoy, como Wendy, he querido coser mi sombra a mis pies. Siempre se escapa, juega y corretea. A veces la alcanzo. Entonces busco hilo, aguja y dedal e inútilmente quiero atarla a mi cuerpo. Me enfado con ella y vuelve arrepentida.
Pero hoy la he visto tan libre y feliz lejos de mi, que la he dejado ir.
Sólo le he pedido una cosa: que se pegara a la sombra de lo que quise.

miércoles, 1 de abril de 2009

TÓMAME CON EL TÉ


Te lo confieso a ti, abogado, porque sé que bajo el secreto profesional, nadie más que tú y yo sabremos lo qué pasó. No existe cuerpo ni arma del delito. Sin remordimientos te lo cuento. Estuve y aún estoy enamorada. Éramos tres y sobraba uno.

Llevo tres años compartiendo las tardes del jueves con Matt. Las reuniones son siempre en su casa, rodeados de los libros que tanto quiere. Él me recomienda las lecturas mientras me sirve el té. Lee sus poemas y yo procuro disimular el placer que me produce el que sea sólo yo la que conoce la existencia de estos poemas. Quiero creer que a veces piensa en mí para escribirlos.

Todo funcionaba perfectamente entre los dos. Yo esperaba con ansia el momento de nuestro encuentro. Él me abría su casa, me ofrecía té y yo llevaba las pastitas con las que lo acompañábamos.

Para mi sorpresa, un día todo cambió. Aquel jueves me abrió la puerta como de costumbre, pero sus ojos brillaban de una manera especial. Me condujo hasta la biblioteca, me senté en mi sillón y observé que en la mesita donde antes estaba la tetera y dos tazas, ahora había una tercera.

-¿Esperamos a alguien?-le pregunté extrañada.
-Sí, hoy tendremos compañía. –Y antes de que yo pudiera volver a preguntar, sonó el timbre.

Se precipitó nervioso hasta la puerta y pude oír la voz de una mujer. Él se reía. Noté cómo mi corazón se aceleraba. La sangre me quemaba la cara.

Las risas continuaron hasta que entraron en la biblioteca. Junto a Matt entró una mujer. Era bellísima. Imponía su presencia con su larga cabellera roja y su alta estatura. Ahora ya sabía a qué se debía el nuevo brillo en la mirada de él.

Nos presentó y a partir de aquel momento yo dejé de existir. No sé ni cómo pasaron las horas, no recuerdo nada. Sólo sé que me fui antes de hora alegando un súbito dolor de cabeza.

Cuando se cerró la puerta tras de mí, unas rabiosas lágrimas me nublaron los ojos. Volví a casa cruzando las calles ajena a los bocinazos de los coches que encontraba a mi paso. Sé que crucé varias calles sin mirar. Sólo quería llegar a casa y llorar. Pasé tres días desaparecida y con fiebre. No contestaba al teléfono. Quería dormir, dormir…Al tercer día reaccioné y pude pensar fríamente. Tenía un plan.

Seguimos con las reuniones del jueves, pero ahora éramos uno más. Ella acaparaba toda la atención de Matt. Hablaba y hablaba, exponiendo sus ideas. Opinaba sobre sus poemas, y ahora era ella la que servía el té. Él sólo tenía ojos para ella. No culpo al inglés. Abogado, tú también hubieras caído bajo su hechizo.

En una reunión, mientras ella le distraía con sus palabras, sus gestos y su risa, yo me limitaba a comer las galletas de mantequilla. Era tan perfecta que hasta cocinaba. Ahora era ella quien las llevaba, las mías apenas eran tocadas. Mis pensamientos volaban lejos. Había decidido que ella tenía que desaparecer, y mordisqueando una de sus pastas, ya supe cómo.

Conseguí hacerme con la receta de las pastas para el té. Después de tres años de comprar kilos de pastas, la dependienta de la tienda me explicó cómo se hacían: sólo tenía que mezclar harina, azúcar y mantequilla.

La última tarde que vi a Matt llegué puntualmente como cada jueves. Ella tardaba y decidimos empezar sin ella. Saqué las pastas que yo había cocinado, y él empezó a comer una tras otra. Estaba nervioso y contrariado. Distraído e inquieto por su ausencia, y no se interesaba por la conversación que yo intentaba mantener. Miraba la hora insistentemente, esperando oír el timbre de la puerta.

Lo que no supo ni sabrá jamás es que aquella tarde, en nuestra última reunión, estuvimos los tres. El inglés, yo y la escultural pelirroja, convertida ahora en deliciosas pastitas para el té.

jueves, 26 de marzo de 2009

KIT PARA MARY KATE


Yo no sé si a vosotros os ha pasado lo mismo, pero he echado de menos los kits de supervivencia de MK. Y estos tres meses sin sus kits se han hecho laaaargos...

Quería idearle un kit para ella, pero sólo ella los puede hacer. A mí me falta su chispa. Así que he pensado en hacerle un regalo. Bueno, dos. Le regalo una leica i un viaje a África. Que se vaya de safari, pero fotográfico.

Que sea Ava Gardner en Mogambo. O Deborah Kerr en Las minas del rey Salomón. O Katharine Hepburn en La reina de África.

Clark Gable, Stewart Granger, ¡preparad la escopeta! y protegedla de las leonas hambrientas y tú, Humphrey, prepara un dry martini, que llegará sedienta de su safari.

O simplemente que encuentre al despistado Dr Livingstone, y ella le diga:
- Dr Livingstone, África soy yo. Explórame.


La última frase está sacada de una canción de Kikí d'Akí. Gracias, Kikí, por la canción.

lunes, 16 de marzo de 2009

TE QUIERO, ES PRIMAVERA DE NUEVO



Esta tarde mientras trabajaba ha sonado esta canción. Me he levantado para bailarla, he mirado a mi alrededor y como no había nadie, le he pedido a Bruc si me concedía el baile. Le he cogido en brazos, y le he cantado: te quiero, es primavera de nuevo, te quiero.

Pero como se ha cansado pronto, le he dejado en el suelo, y he buscado un cigarrillo. Y me he puesto bailar. He imaginado que era una cálida noche de abril, y bailaba junto al hombre que me quería, podría ser William Holden. Estamos en una pista de tenis y de fondo se escucha la música del baile. Nos rozamos las mejillas, mientras me susurra, te quiero, es primavera, te quiero.

La canción no dejaba de sonar mientras Bruc me miraba extrañado. Quizás es porque estoy contenta, quizás porque coso el vestido más bonito del mundo, para que alguien baile una noche de abril, y le susurre al oído del hombre que ama: te quiero, es primavera de nuevo, te quiero.

Sobre la falda del vestido han caído pétalos de flor de almendro, para recordarles a esa pareja que bailará en abril, que siempre será primavera si se susurran al oído que se quieren.

Porque la vida, al fin y al cabo, debería de ser esto. Un eterno baile junto a la persona que quieres. Y que siempre sea primavera. Y que esta canción no deje de sonar nunca.
Porque esta canción nos pertenece a todos. Para ti y para mí.

jueves, 12 de marzo de 2009

AGUAS DE MARZO


Hoy he recibido una llamada. Al principio no he reconocido su voz, pero al oírle hablar, he sabido quien era. Justamente hoy. La última vez que supe de él, yo me preparaba para nacer.

Me ha citado en el bar que frecuento. No tenía ganas de volverle a ver, francamente. Creo que busca hacer un balance de lo que ha sido mi vida. Le he preguntado cómo le reconocería después de tantos años. Ya te buscaré yo, me ha contestado.

Acudo a la cita con tiempo de sobra. Y aunque intento que un día alguien me espere, es imposible. Siempre soy yo la que acaba esperando. Entro en el bar y busco rápidamente un sitio para sentarme. Al final elijo el taburete de la barra que queda más lejos de la entrada del local. Así tengo unos segundos para observarle mientras él me busca con la mirada. Le veo llegar. Sigue igual que cuando me habló aquel día. Con su cabello blanco, la expresión severa que tanto asustaba a los otros niños y su caminar pausado y elegante.

Cuando da conmigo, sonríe y yo le devuelvo la sonrisa tímidamente.

-¿Cómo estás, Emily?
-Bien -le respondo-. Algo extrañada por tu llamada.
-Bueno, han pasado algunos años desde nuestro último encuentro y tenía ganas de volverte a ver y saber qué es de tu vida.
-Pero si tú lo sabes todo de mí, ¿no?

Me ignora y pide al camarero una copa mientras se sienta a mi lado.

-He pensado en que tú y yo deberíamos tener una charla -estas palabras me asustan. Parece que viene a rendirme cuentas- Te he estado observando este último tiempo y me pareció que deseabas volver a mi lado.
-No sé de dónde sacas esto –le miento. Sé que es inútil enredarle.
-No mientas, Emily. Querías dar conmigo y aquí me tienes.
-Bueno, todo eso ya pasó. Sólo tuve unos días malos, la verdad.

El día que me invitó a nacer me explicó que habría días en que le daría las gracias por haber nacido y que otros desearía no haberlo hecho.

-Mira, te elegí entre los demás niños porque en ti vi algo especial. Y porque te di el don de crear cosas de la nada y creo que lo has desperdiciado.
-Siento haberte defraudado. Sé que tienes razón, pero tus palabras duelen. Quizás te equivocaste de persona. Podrías haber elegido otro día para pasarme factura. Ya sabes qué día es hoy.
-Justamente por eso. Tenemos que hacer balance. Debo pensar en si vuelves a mi lado o te doy otra oportunidad. De momento te concedo cinco años. Ni uno más ni uno menos. Quiero que demuestres que no me equivoqué al elegirte.

Hay un silencio largo, de los que me gusta hacer cuando me tomo un tiempo para pensar, como si la pantalla se quedara en blanco. No encuentro una respuesta. Él se levanta para irse y me mira. Sabe que siempre callo cuando algo me duele.

-Acepto la propuesta. Si dentro de cinco años no te he demostrado quién soy, volveré a tu lado. Sólo te pido una cosa: no volver a nacer. Siento que he vivido a lo largo de muchos siglos en diferentes cuerpos. Y si volviera a nacer, que sea con una alma nueva, con la ilusión de tener alguna cosa por estrenar.

El Creador asiente con la cabeza y me doy cuenta que busca despedirse.

-Por cierto, Emily. ¿Qué regalo quieres que te haga antes de irme?
-Ya me lo has hecho, me has dado cinco años más –le respondo.

Pero como me gusta jugar, pienso en lo que realmente me hubiera gustado tener esta noche y saber si de verdad me lee el pensamiento. Levanto las cejas interrogativamente y el me contesta con una sonrisa.

-Si está en mis manos, lo haré. Espero que pasen muchos años antes de que nos volvamos a ver. Significará que has cumplido tu promesa y que no volverás a mi lado antes de tiempo.

Me apoyo en la barra del bar y me sujeto la cabeza con las manos. Pienso que en estos cinco años que me ha dado de prórroga debo hacer muchas cosas, para demostrarle al Creador que no se equivocó al elegirme. Aún hay mucho por vivir. Pero conociéndome, ya lo pensaré mañana.

Me quedo ensimismada mientras él se aleja. Ya sólo quedamos el barman y yo.

-Sírvete una copa y tómatela a mi salud. Hoy es mi cumpleaños. Cumplo cuarenta y tres años –le contesto antes de que me lo pregunte.

PS. Este post tiene un precedente. El año pasado y por mi cumpleaños, escribí un cuento. En él, Emily vive en el limbo con sus tres perros. El Creador se fija en ella y le muestra un mundo nuevo. Ella no quiere nacer, pero al final acepta. Siempre he pensado que he desperdiciado el tiempo, (¿será por el sentido trágico de la vida?). Ahora el Creador tenía ganas de volverla a ver.





 
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