
Si tuviera la oportunidad de volver a nacer, no sería lo que soy. Sería la señorita corazones solitarios y tendría la solución a todos sus problemas sentimentales. Si no supieran qué camino deben tomar, allí estaría yo, tecleando la respuesta en la vieja máquina de escribir alemana de mi abuelo.
Si por un descuido se quedaran embarazadas, mi respuesta sería: querida, tenga el niño. No se arrepentirá de traer una nueva persona a este mundo imperfecto.
Si se quedara sin trabajo, le contestaría: querido, ¿su vida sexual funciona? Pues no se preocupe. El trabajo, al fin y al cabo, va y viene.
Si estuviera enfermo, le diría: ¿Hay tratamiento para su dolencia? Si lo hay, dé las gracias y sígalo. Y siempre mire a los que están peor que usted.
Si su vida sentimental es un desastre, pues no se apure. Si lo puede arreglar, arréglelo. Si no, abra la puerta, salga y no mire nunca atrás.
Si por el contrario, está sola, acuda a esa fiesta a la que ha sido invitada, y mire de encontrar a su media naranja. Mi profesora de religión me dijo en su día que Dios siempre enviaba un marido para cada mujer. Un gran consuelo.
Si está solo, búsquese un perro. Sobretodo ahora que llegan estas fiestas entrañables que casi todo el mundo odia. Hay cientos de perros que desearían estar con usted, y dormir a los pies de su cama. Y al apagar la luz para disponerse a dormir, mire a los ojos a ese ser que le acompañará hasta el fin de sus días. Y verá el agradecimiento en su mirada.
Si no entiende a su hijo, mire de recordar lo que hacía usted a su edad. Si persiste en no comprender qué le pasa a su hijo, respire hondo, fúmese el cigarrillo que guarda en el cajón para estos momentos claves y mire de hablar. Y sobretodo, escuche.
La señorita corazones solitarios se retira por un tiempo. Se fuma un cigarrillo y se va a ahogar sus penas en alcohol. Hoy lleva demasiadas vidas a sus espaldas y le cuesta vivir. Porque ella es especialista en arreglar las vidas ajenas.
Pero, ¿quién arregla la vida de la señorita corazones solitarios?