miércoles, 4 de junio de 2008
domingo, 1 de junio de 2008
THE BASKETBALL BOYS
Mañana toca visita al oncólogo. He acompañado a mi padre en casi todas sus visitas, desde que hace dos años le diagnosticaron cáncer de próstata. Después de la noticia, regresé a casa y les dije a Jesús y a MK que me habían hecho reir el día del fatal diagnóstico. Me enviaron un abrazo y me dijeron que podía contar con ellos para lo que hiciera falta. Lo sabía. Por aquellos días yo pensaba que MK era sudamericana, por la extraña manera que tenía de acentuar. Hasta que descubrimos que las dos éramos catalanas y casi hermanas.
Conozco todos los tipos de cáncer, y sus diferentes tratamientos. Sé más del aparato reproductor masculino que del femenino. En esos viajes hemos compartido taxi con diferentes enfermos y el cáncer que tenían cada uno. Unos de cuello, otros de mama, pulmón y próstata. Cuando a mitad de camino el taxista paraba frente a la entrada del campo de golf y mi padre se bajaba del coche para aliviar su vejiga, los compañeros de viaje me miraban interrogativos y yo contestaba: próstata.
Hay una camaradería especial entre este tipo de enfermos. Llegan al hospital con una bolsita marrón de papel, en donde guardan el camisón del mismo material, que se ponen para la radioterapia. Beben agua de la máquina, se saludan, se preguntan cómo se encuentran, van al lavabo, y esperan pacientemente a que digan su nombre. Entonces se dirigen al lugar donde les espera la máquina que le suministra su dosis diaria para salvarles la vida.
En uno de esos viajes y para mi sopresa, compartimos taxi con la madre de S. su abuelo y una amiga de ellos. Era un monovolumen, y al ser yo la más joven, me tocó sentarme en la parte de atrás, donde supuestamente deberían ir los niños. Mejor: era el mejor lugar para no perderme nada de su conversación. Abrí bien las orejas. La madre y su amiga empezaron a hablar de la convivencia y de las tareas domésticas. Y de cómo cada uno de sus hijos se las apañaba. Su hijo mayor J. no hacía nada. Su mujer se encargaba de todo lo relacionado con la casa, porque ella así lo quería. Sin embargo S. ayudaba a su mujer en todo. Preparaba la comida, hacía la cama, y tendía la ropa. Cerré los ojos y me imaginé como S. ponía pinzas de madera en la ropa interior de su mujer. Siempre he pensado que quieres de veras cuando tiendes unos calzoncillos sin que te importe. Es mi particular teoría sobre el amor.
Mientras, yo me debatía en si me daba a conocer y preguntaba sobre S. o me callaba. Pregunté: ¿Cómo está S.? ¿Le conoces? me preguntó su madre. Fuimos juntos al instituto, contesté. Pues se casó, tiene una niña y vive en V.
Después cerré otra vez los ojos y recordé con una sonrisa esos años. Rememoré todos los momentos que estuvimos juntos. El primer día de instituto ya nos fijamos mutuamente. Tengo predilección por los chicos rubios y altos, y si jugaban al baloncesto como esos hermanos, mejor.
Los paseos por el canal, mientras los otros iban a clase. El vino blanco en la crepería, mientras le explicaba El Imperio de los Sentidos, y la diferencia entre erotismo y pornografía, bajo la mirada cómplice de la camarera. Cuando juntábamos la palma de la mano para ver en cuánto sobrepasaban sus dedos a los míos. Cuando yo le invitaba a chicle...Soy una bromista empedernida. Un día compré un paquete de chicle que al tirar de la barrita te pillabas los dedos. Se lo ofrecí, ¡cómo no! y cayó en la trampa. Después, para que me perdonara le saqué chicles de verdad. Yo soy de las que emborronan los apuntes con dibujitos, para soportar mejor las tediosas clases. Un día se me cayó un dibujo sin que me diera cuenta. Me llamó desde lejos y me lo devolvió con una sonrisa ¿Cómo sabías que era mío? le pregunté. ¿Quién, sino, podría hacer eso? Me sonrojé y continué sola mi camino. Sólo él conseguía que yo abandonara mi pretendida calma. Yo descansaba la espalda en la pared del pasillo, y él se situaba enfrente, apoyando su brazo en la pared y pasándolo sobre mi hombro para que no pudiera escapar, y acto seguido me preguntaba: ¿te depilas las cejas? dejándome sin habla. Pero, ¿cómo podía hacerme este tipo de preguntas?
¡Hasta me pasó su loción antiacné!!!! He viajados dos veces en moto en compañía masculina, una con mi hermano, y la otra junto a él. Se subió, me invitó a que yo hiciera lo mismo, y me enseñó a que me cogiera de su cintura con un gesto. Dios,¡ qué vergüenza!
Los astrólogos aseguran que la mejor pareja es la formada por una piscis y un escorpión. El sentido del humor de un piscis saca a un escorpión de sus nubarrones. Pero yo siempre fuí con él más escorpión que él mismo. Se atrevía a cepillarme los hombros sin permiso, y yo le cantaba: en mi cabeza siempre es Navidad...Otras veces buscaba una silla mientras yo permanecía de pie, y daba unas palmadas en su regazo para que yo me sentara. Y yo volvía a sonrojarme.
Un día acudí a clase con una pulsera de tachuelas, para sorpresa del profesor de literatura, mientras él me miraba divertido. Aquel día entregaban las notas de literatura catalana, y el profesor me felicitó delante de toda la clase por un relato mío. Siempre recordaré la sonrisa de complacencia de S.
Y yo seguía con mis frases ingeniosas, que yo no quería pronunciar, pero que las decía, y cada vez me iba alejando más de él. Sólo conseguimos que aquel año suspendiéramos todas las asignaturas, y volvimos a vernos las caras en septiembre, cuando reanudamos juntos, los estudios en nocturno. Pero ya nada volvió a ser lo mismo. Yo había cambiado demasiado. No estuve con él en el momento que más me necesitaba, cuando su padre murió de cáncer, truncándole así su futuro como abogado. Mi timidez me impidió que fuera a verle y le apoyara en esos momentos, pero espero que si llegó a conocerme bien, supiera que en mis pensamientos yo siempre estuve junto a él. Te juro que yo era una buena chica.
Os aconsejo que mientras me leais, dadle al play en el video de Prefab Sprout. Es la canción que me puse cuando supe que él se había cansado de esperar.
Conozco todos los tipos de cáncer, y sus diferentes tratamientos. Sé más del aparato reproductor masculino que del femenino. En esos viajes hemos compartido taxi con diferentes enfermos y el cáncer que tenían cada uno. Unos de cuello, otros de mama, pulmón y próstata. Cuando a mitad de camino el taxista paraba frente a la entrada del campo de golf y mi padre se bajaba del coche para aliviar su vejiga, los compañeros de viaje me miraban interrogativos y yo contestaba: próstata.
Hay una camaradería especial entre este tipo de enfermos. Llegan al hospital con una bolsita marrón de papel, en donde guardan el camisón del mismo material, que se ponen para la radioterapia. Beben agua de la máquina, se saludan, se preguntan cómo se encuentran, van al lavabo, y esperan pacientemente a que digan su nombre. Entonces se dirigen al lugar donde les espera la máquina que le suministra su dosis diaria para salvarles la vida.
En uno de esos viajes y para mi sopresa, compartimos taxi con la madre de S. su abuelo y una amiga de ellos. Era un monovolumen, y al ser yo la más joven, me tocó sentarme en la parte de atrás, donde supuestamente deberían ir los niños. Mejor: era el mejor lugar para no perderme nada de su conversación. Abrí bien las orejas. La madre y su amiga empezaron a hablar de la convivencia y de las tareas domésticas. Y de cómo cada uno de sus hijos se las apañaba. Su hijo mayor J. no hacía nada. Su mujer se encargaba de todo lo relacionado con la casa, porque ella así lo quería. Sin embargo S. ayudaba a su mujer en todo. Preparaba la comida, hacía la cama, y tendía la ropa. Cerré los ojos y me imaginé como S. ponía pinzas de madera en la ropa interior de su mujer. Siempre he pensado que quieres de veras cuando tiendes unos calzoncillos sin que te importe. Es mi particular teoría sobre el amor.
Mientras, yo me debatía en si me daba a conocer y preguntaba sobre S. o me callaba. Pregunté: ¿Cómo está S.? ¿Le conoces? me preguntó su madre. Fuimos juntos al instituto, contesté. Pues se casó, tiene una niña y vive en V.
Después cerré otra vez los ojos y recordé con una sonrisa esos años. Rememoré todos los momentos que estuvimos juntos. El primer día de instituto ya nos fijamos mutuamente. Tengo predilección por los chicos rubios y altos, y si jugaban al baloncesto como esos hermanos, mejor.
Los paseos por el canal, mientras los otros iban a clase. El vino blanco en la crepería, mientras le explicaba El Imperio de los Sentidos, y la diferencia entre erotismo y pornografía, bajo la mirada cómplice de la camarera. Cuando juntábamos la palma de la mano para ver en cuánto sobrepasaban sus dedos a los míos. Cuando yo le invitaba a chicle...Soy una bromista empedernida. Un día compré un paquete de chicle que al tirar de la barrita te pillabas los dedos. Se lo ofrecí, ¡cómo no! y cayó en la trampa. Después, para que me perdonara le saqué chicles de verdad. Yo soy de las que emborronan los apuntes con dibujitos, para soportar mejor las tediosas clases. Un día se me cayó un dibujo sin que me diera cuenta. Me llamó desde lejos y me lo devolvió con una sonrisa ¿Cómo sabías que era mío? le pregunté. ¿Quién, sino, podría hacer eso? Me sonrojé y continué sola mi camino. Sólo él conseguía que yo abandonara mi pretendida calma. Yo descansaba la espalda en la pared del pasillo, y él se situaba enfrente, apoyando su brazo en la pared y pasándolo sobre mi hombro para que no pudiera escapar, y acto seguido me preguntaba: ¿te depilas las cejas? dejándome sin habla. Pero, ¿cómo podía hacerme este tipo de preguntas?
¡Hasta me pasó su loción antiacné!!!! He viajados dos veces en moto en compañía masculina, una con mi hermano, y la otra junto a él. Se subió, me invitó a que yo hiciera lo mismo, y me enseñó a que me cogiera de su cintura con un gesto. Dios,¡ qué vergüenza!
Los astrólogos aseguran que la mejor pareja es la formada por una piscis y un escorpión. El sentido del humor de un piscis saca a un escorpión de sus nubarrones. Pero yo siempre fuí con él más escorpión que él mismo. Se atrevía a cepillarme los hombros sin permiso, y yo le cantaba: en mi cabeza siempre es Navidad...Otras veces buscaba una silla mientras yo permanecía de pie, y daba unas palmadas en su regazo para que yo me sentara. Y yo volvía a sonrojarme.
Un día acudí a clase con una pulsera de tachuelas, para sorpresa del profesor de literatura, mientras él me miraba divertido. Aquel día entregaban las notas de literatura catalana, y el profesor me felicitó delante de toda la clase por un relato mío. Siempre recordaré la sonrisa de complacencia de S.
Y yo seguía con mis frases ingeniosas, que yo no quería pronunciar, pero que las decía, y cada vez me iba alejando más de él. Sólo conseguimos que aquel año suspendiéramos todas las asignaturas, y volvimos a vernos las caras en septiembre, cuando reanudamos juntos, los estudios en nocturno. Pero ya nada volvió a ser lo mismo. Yo había cambiado demasiado. No estuve con él en el momento que más me necesitaba, cuando su padre murió de cáncer, truncándole así su futuro como abogado. Mi timidez me impidió que fuera a verle y le apoyara en esos momentos, pero espero que si llegó a conocerme bien, supiera que en mis pensamientos yo siempre estuve junto a él. Te juro que yo era una buena chica.
Os aconsejo que mientras me leais, dadle al play en el video de Prefab Sprout. Es la canción que me puse cuando supe que él se había cansado de esperar.
lunes, 26 de mayo de 2008
LOLA ANGLADA Y EL PARAÍSO PERDIDO

"Poder vencer a la amnesia nos haría, a todos, más dignos de Lola Anglada"
Ignasi Riera, en el prólogo del libro Lola Anglada o la creació del paradís propi. De Montserrat Castillo.
Si quereis más información aquí
jueves, 22 de mayo de 2008
TÉ Y CIGARRILLOS

Smoking, drinking, never thinking of tomorrow...
Hoy me he vuelto a quedar sin tabaco, y era demasiado pronto para acercarme a un estanco. Cuando empiezas a fumarte las colillas te das cuenta hasta dónde puede llegar la adicción...He ido en busca de algún cigarrillo perdido, bolsos, cajones y sin suerte. Pero, ah!, me he encontrado un purito con filtro...iba a ser mío! He calentado agua, he puesto un sobre de té verde (para contrarrestar los efectos del puro), y me he sentado en un sillón. Me he sentido como Sara Montiel...Fumando espero...he empezado a tararear...Se me ha apagado dos veces. Genial, sensual, fumando espero al hombre a quién quiero... He olvidado que no debía tragar el humo...y acto seguido, he notado los efectos del puro. He cogido un mareo que me ha obligado a acostarme en el sofá y toda la casa ha empezado a dar vueltas, y era ella la que se movía, yo no. Recuérdenme que no fume más puros...
Y mientras fumo mi vida no consumo, porque flotando el humo me suele adormecer...
lunes, 19 de mayo de 2008
2180 DÍAS JUNTOS

Estos son los días que llevamos juntos. 2180. Creo que mi amor se merece un post entero. Nos conocimos hace seis años.Me lo presentó mi hermana. Yo me enamoré el primer día que le ví. Creo que todos pensamos que nuestro amor es único. Que nunca seremos como esas parejas que dejan de hablarse. Siempre tenemos algo que decirnos, aunque estemos en silencio. Nos basta una mirada o una media sonrisa.
¿Que cómo es mi amor? Para mi es mi héroe, aunque no salga en los libros. Cuando está entre mis brazos, el mundo resplandece. No es detallista, pero eso hace tiempo que dejó de importarme. Es un poco huraño, hosco. Poco simpático, hasta que le conoces de veras. Nuestra vida es apacible. Lo que siempre busqué. A veces huyo lejos, en busca de playas con banderas amarillas, pero siempre acaba convenciéndome para que vuelva junto a él. Y me doy cuenta que nuestra vida en común no está tan mal. Nuestro pequeño mundo es suficiente para mí.
Mañana es su cumpleaños. Tenemos la misma edad, aunque por extraño que parezca, el año que viene él tendrá siete años más que yo. Creo que estaremos juntos todo lo que nos queda de vida. Se lo prometí.
sábado, 17 de mayo de 2008
LOVE FOR SALE

Hoy hemos regalado una gardenia. Le he preguntado a Janice si sabía cómo cuidarla. Me ha negado con la cabeza. Riégala con agua de lluvia y protégela del sol. Sabías que Billie Holiday siempre prendía una gardenia en su cabello antes de salir a cantar? Te gusta Billie?, me ha preguntado la inglesa. He asentido. Se ha levantado y ha buscado entre sus discos. La voz de Lady nos ha acompañado mientras cosíamos. Acto seguido he añadido: soy un pozo de sabiduría. Mi hermana B. ha levantado la vista de su costura y me ha replicado: tú lo que tienes es la autoestima muy alta. Me he reído. Sí, después de tanto tiempo he empezado a creer en mí. Han sonreído.
Love for sale, appetising young love for sale. Love that's fresh and still unspoiled, love that's only slightly soiled, love for sale. Who will buy? Who would like to sample my supply? Who's prepared to pay the price, for a trip to paradise? Love for sale
lunes, 12 de mayo de 2008
martes, 22 de abril de 2008
LA ROSA

Durante mi estancia en Barcelona, vivía con un periodista que trabajaba en la sección de cultura de un programa televisivo, lo cual le daba derecho a recibir en casa, cajas de las editoriales con las últimas novedades publicadas. Un verdadero festín de libros gratis.
Por las mañanas, ya duchada y vestida, preparaba café y me iba al salón. Mi compañero ya había salido a desayunar y volvía a casa con tres periódicos. Después del saludo correspondiente, atacábamos la prensa. Yo, con total desconsideración, hojeaba los diarios antes que él.Cuando un libro lo merecía, se acercaba a mí, lo dejaba sobre la mesa, y me decía: léelo, creo que te gustará. Me descubrió a Sylvia Plath y a Salinger. La Campana de Cristal y Nueve Cuentos.
Creo que son los libros que más me han impactado. Eran diferentes a todo lo que había leído anteriormente y no eran pocos. Para mi hubo un antes y un después de aquellas lecturas. Después vendrían Capote y Carson McCullers.
También recibía entradas para asistir al teatro. Una noche fuimos al estreno de una obra de danza de Pina Bausch, y yo me senté al lado de Joan de Sagarra. En el entreacto, fumábamos! El crítico quiso encender su pipa, y rebuscó un encendedor en vano. Me pidió fuego y se lo dí. Pasó por delante Terenci Moix. ¿Qué tal, Terenci? -le preguntó una periodista. Pues mira...-contestó con sorna el escritor- estoy sin platos...Su pareja le había abandonado y parece ser que le dejó sin nada.
Una noche cenamos juntos en casa, y hablamos durante horas de cine, fumando tabaco ruso que se había traido de un viaje a Rusia. Se quedó sorprendido de que una joven de dieciocho años supiera tanto de todo (modestia aparte), y me dijo que su vida era mejor conmigo que los los tres tipos de Falset con los que un año antes, había compartido piso.
Un día de Sant Jordi, me dejó sobre la mesa Las Cartas de Groucho Marx con estas palabras: creo que eres más de libros que de rosas.
Qué quieren que les diga, me hubiera gustado una rosa....
PS. Ahora casi he dejado de leer, y no digamos de comprar. Hay poco que merezca la pena o es que yo ya no soy la misma. Todo ha ido perdiendo interés. Pero si deseais regalarme un libro, El Encantador de Perros me gustaría. Y también una rosa!
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