domingo, 20 de marzo de 2011

DULCES HORAS

Me piden que escriba alguna cosa y yo me empeño en esconderme. ¿A quién puede interesarle que la vida últimamente me esté dando dulces horas? Que casi siempre sonrío y que hago bromas constantemente. Que puedo afirmar que soy feliz y esto me asusta. Hay una persona que me da las dulces horas aunque ella no lo sepa. Que vivo entre pañales y mocos y me agrada. Que me gusta contemplarla cuando duerme y ver que es perfecta. Que es una manzana a la que me gusta oler. Que es mi niña rubia. Y que los meses que vienen seguiran las dulces horas junto a ella.

lunes, 21 de febrero de 2011

¿TÚ QUÉ ME DAS?

De la País per a moi, mua.

lunes, 14 de febrero de 2011

I LOVE YOU, BABY


Per a MK, aquesta cançó
Aprovechando que hoy sólo veo corazones rojos, bombones con relleno de cerezas confitadas (rojas) y que me he levantado tonta, quizá porque sopla el ventdedalt, os hago una pregunta.
Un día le pregunté a un amigo qué música se pondría para hacer el amor y me contestó: ninguna, para hacer uso del matrimonio, ni música ni velas ni collonades... Le pregunté lo mismo a mi chica silenciosa y me dijo: bueno, al principio música sí, pero luego la apago que me desconcentra...
Bueno, os pregunto lo mismo. Os pido una canción. Yo ya la tengo...Si veis a Cupido, dadle mi dirección, ya sabeis, rumbo sur...
Y para después, esta:

miércoles, 2 de febrero de 2011

SÁBADO POR LA TARDE


Hoy me he programado una tarde de sábado ni que estemos a miércoles. Consiste en:
buscar una canción melancólica, ir mirando como oscurece sin encender ninguna lámpara, dejar pasar los minutos acostada en el sofá oyendo la respiración de los perros que ya duermen con el estómago lleno y pensar.
Y el pensamiento me ha llevado a una tarde de sábado de hace muchos años, cuando mis tres hermanos y yo éramos aún niños. Mi hermana Sumpta me llevó con ella a jugar a casa de su amiga Janín. Allí estaba J. uno de los dos hermanos de la amiga de mi hermana. Jugaba tirado en el suelo con unas bolas atadas a un cordel, el juguete de moda en aquel tiempo. Y él se dedicó a gritarle al mundo que me quería, que yo era su novia. No tenía ni idea. Y me enfadé. J. murió hace años y yo le he recordado en esta tarde de invierno. Quizá porque hace frío, quizá porque oscurece lentamente. Quizá porque la hora violeta es mi hora preferida, en que se apaga la luz del día y las casas se iluminan con la luz de las lámparas. En todas las casas menos en la mía. Porque hoy es sábado por la tarde y estoy melancólica. Gorrioncito qué melancolía…

jueves, 27 de enero de 2011

IL CAMMINATORE DISPERATO






La sala donde se celebraba el juicio estaba abarrotada de gente. El aire acondicionado no funcionaba y las aspas de los ventiladores no daban abasto para renovar un aire que se hacía cada vez más irrespirable. De fondo sonaba una banda sonora: el vocerío fruto del nerviosismo de un público que esperaba con impaciencia el veredicto. El hombre al que se juzgaba era El Paseante. La víctima de sus fechorías, la encantadora vecina de Blogville, Emily. La mujer presentaba un aspecto abatido. Delgada, pálida y ojerosa. El aspecto del acusado también dejaba que desear. Permanecer entre rejas durante los seis meses en los que se le había aplicado la prisión preventiva antes del juicio, habían hecho mella en un cuerpo en que, antaño, había sido rotundo y joven. La envidia del mismísimo Veí de Dalt. Ahora, la víctima y el acusado apenas recordaban cómo la vida de ambos había tomado un camino sin retorno.

Todo empezó un 31 de enero de 2007. El Paseante le había preguntado a Emily si tenía blog. Como la intención de la mujer era seducirlo, inaguró uno. Aquí empezó su desgracia, y con ella la de El Paseante. Durante cuatro largos e interminables años, el caminante sin rumbo fijo alentaba a su aprendiz a escribir y publicar. Lo que empezó como un juego de seducción, acabó en un intento de asesinato y una novela negra. Para ella, él era su maestro. Y como decía Rosita, la abuela de Emily, “desgraciado el alumno que no aventaje a su maestro”. A día de hoy el futuro pintaba negro para El Paseante. Ahora esperaba, decaído, el veredicto y la sentencia.

El público que asistía al juicio estaba formado en su mayoría por mujeres. Emily las llamaba maliciosamente “bragas mojadas”. Tal era el efecto que causaba en ellas las publicaciones nocturnas de El Paseante en su cuaderno personal. Pero el blog del camminatore disperato corría un serio peligro si el veredicto era de culpabilidad…

EL juez sacó un pañuelo del bolsillo de su toga y secó el sudor de su frente. El jurado llevaba cinco horas deliverando. Cuando por fin se abrió la puerta de la sala contigua a la de juicios se hizo el silencio. Uno de los jurados llevaba en sus manos un sobre cerrado. El resto le seguía con la mirada puesta en el suelo. Aquello no presagiaba buenas noticias para El Paseante. El responsable de entregar la nota con el veredicto se acercó al juez. Éste se puso las gafas para ver de cerca, rompió el sobre y lo leyó. Dio tres golpes de maza e instó al público para que se levantara. Todo el mundo obecedeció. Todos menos Emily y El Paseante.

-Que el acusado y la víctima se pongan en pie –ordenó contrariado el juez.

Los dos se levantaron de sus asientos y se miraron en señal de despedida. El Paseante respiró profundamente y se dispuso a escuchar.

-¿Cuál es el veredicto? –preguntó el juez al jurado número uno. Él ya conocía la respuesta.
-Culpable, señoría.

Un largo murmullo recorrió la sala. El desconsuelo de las mujeres era perceptible. Dos de ellas se desvanecieron lo que provocó aún más el desconcierto en la sala. El abogado de la acusación felicitó a Emily con un abrazo y un beso en la mejilla. Era Miquele Fratello, apodado “el lince” por sus compañeros de profesión. Ella permaneció impasible. Todo había acabado.

-Paseante, le condeno a seis años de trabajos forzados en la isla de Nantucket. Se le privará de cualquier contacto con el exterior, de acceso a internet y se le negará cualquier contacto con mujeres hasta que demuestre signos de arrepentimiento. Si esto sucediera, se le revisará la condena siempre y cuando la víctima exprese su consentimiento para dicho fin.

El juez volvió a dejar caer la maza tres veces seguidas y dio por terminado el juicio.

El Paseante pensó que, si él fue un pequeño clavo, el martillo con el que le dieron debía ser de Sansón. Dos policías fueron los encargados de llevarse esposado al camminatore disperato. Cuando pasó junto a Emily, la miró. Ella hizo lo mismo y una lágrima furtiva recorrió su mejilla.

-Paseante, vendré a verte –dijo Emily entre sollozos. Sabía que si convencía al alcaide del penal de Nantucket, éste le dejaría tener un vis à vis con El Paseante. Y de paso le llevaría una pareja de periquitos para hacerle compañía. Con un poco de suerte podría acabar escribiendo un tratado de ornitología como Burt Lancaster en El hombre de Alcatraz.

El público fue abandonando sus asientos y en pocos minutos la sala quedó vacía. Sólo un hombre permanecía sentado sonriendo mientras se limaba las uñas de las manos.

-Has estado impresionante. Una actuación digna de Greta Garbo. La pobre y desdichada Emily…-dijo sonriente El Veí de Dalt a su chica. Él había contratado al “lince” para que se encargara de la acusación. Ahora ambos, con El Paseante en chirona, reinaban por fin en Blogville. El camminatore disperato ya era historia.

La pareja salió del edificio por la puerta de atrás con el fin de dar esquinazo a los buitres de la prensa. Subieron al auto negro que les esperaba en el callejón. Ya en su interior, Emily encendió un cigarrillo y exhaló el humo hacia el techo. Se arrellanó en el asiento y sonrió al nuevo rey. Éste puso una mano sobre el muslo de la mujer con la intención de ir subiendo poco a poco hasta alcanzar lo que tanto había ansiado. Llevaba demasiado tiempo esperando este momento. Pero Emily detuvo su gesto con un:

-Si has esperado cuatro años, unos minutos más no te supondran ningún problema. Espera a que lleguemos al hotel y te subiré al séptimo cielo…

Ya en la habitación del Regàs, el lugar ideal para proporcionar un alojamiento íntimo y discreto para parejas sedientas de amor, el Veí empezó a desvestirse. Emily le pidió que se dejara la ropa interior puesta, ya que le gustaba ser a ella quien se la quitara lentamente. Sabía que aquello hacía enloquecer a los hombres. Él la complació y se tumbó en la cama dejándose puestos los calzoncillos y la camiseta imperio con la que cubria su torso velludo.

-Tengo una sorpresa –dijo Emily con picardía-. ¿A que no adivinas qué le he quitado a uno de los policías?

Ella extrajo unas esposas de su bolso, se subió a horcajadas sobre el hombre y le ató al cabecero de la cama. El Veí se sintió indefenso y pensó que algo no andaba bien cuando ella se bajó del lecho, se sentó en el sofá de cuero y encendió con calma otro de sus pitillos. Unos golpes sonaron en la puerta.

-¡Abran a la policía!

Emily se dirigió a la puerta y abrió.

-Joder, has tardado. Un poco más y…

Miquele Fratello sonrió y la besó.

-Perdona, no encontraba aparcamiento para la moto y no quería entrar en el párquing con ella –el abogado dejó caer su casco sobre la cama y miró al infeliz que permanecía atado a ella. Ahora, con El Paseante y El Veí fuera de juego, él sería el nuevo rey de Blogville. Y Emily sería su reina.
Cuando se cerró la puerta tras ellos, dejándole abandonado, El Veí gritó:

-¡Paseanteeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee!

lunes, 20 de diciembre de 2010

LA ATRAPASUEÑOS


Ocurrió hace aproximadamente un mes y medio. Ya había anochecido y yo cosía una labor en el sofá, con la cabeza de Bruc sobre mi falda. Levanté un segundo la vista y vi cómo una sombra se movía en la terraza. “Imaginaciones tuyas”. Pero me inquieté. Me levanté y fui a ver. “Bruc, sal fuera y echa un vistazo”. El perro ni se movió. “Va, cobardica, sal” pero él continuó durmiendo. Encendí la luz de la terraza y ella aprovechó para colarse dentro del piso.
-Joder, hace frío aquí fuera. Has tardado en abrir…-dijo temblorosa.
Era ella. Desde el mes de mayo que no tenía noticias de ella. Vestía un jersey negro y unos pantalones ceñidos del mismo color. Parecía un gato.
-Has tardado en regresar. Pensé que ya no volverías –contesté a modo de reproche.
-¡Bah! Sabes que siempre acabo volviendo. Y más ahora, que se acerca la Navidad. Por cierto, das asco. ¿Te has mirado en el espejo?
-Tú también.
-Es que si tu adelgazas, a mí me ocurre lo mismo. Prepárate un té. Y líate un cigarrillo.
-Tendrá que ser una infusión. Elige entre frambuesa o melocotón. Ya no puedo beber té ni café. Por el insomnio…
-Lo que prefieras tu –contestó sentándose en el sillón colonial.
Me coloqué frente a ella dejando la infusión sobre la mesita auxiliar roja. Lié un cigarillo y lo encendí. Si yo exhalaba humo, ella hacía lo mismo.
-¿Qué te cuentas? –intenté entablar conversación, como si nada hubiera ocurido.
-Lo he pasado bien estos meses sin ti. Seguro que tú me has echado de menos, va, confiesa…
Encogí los hombros.
-Te echaba de menos en la playa. Se hace extraño caminar y no ver tu sombra reflejada en la arena. Pero ya me había acostumbrado. ¿Qué has estado haciendo?
-Me he dedicado a atrapar sueños. ¿Sabes a qué me refiero?
-Sé lo que es un atrapasueños. Un artilugio con cuentas y plumas que se cuelga en la cuna de un bebé y le protege de las pesadillas.
Me explicó que, cuando se cansaba de dar tumbos, buscaba una casa que le llamara la atención desde la calle. Entraba por una ventana y buscaba una habitación donde hubiera un niño. Se acostaba junto a él y velaba su sueño. Si la criatura lloraba, ella le soplaba en la oreja y volvía a dormirse plácidamente.
-Te sorprenderías si supieras en qué sueñan los niños…No siempre me acostaba junto a un bebé –empezó a reírse sin parar.
-Estás loca. Lo puedo imaginar.
Ella ignoró mi comentario y prosiguió.
-A veces, no encontraba ninguna cuna. Entonces buscaba por las habitaciones una cama vacía para descansar. Un dia presencié una discusión entre una pareja de jóvenes. Se acostaron juntos dándose la espalda, intentando hacer ver que dormían. Yo me puse entre los dos, disimulando mi risa y empecé a acariciar la nuca de ella con mi mano derecha. La mujer se hizo la despistada y me dejó seguir. Después, con mi mano izquierda le acaricié la espalda a él. Los dos se giraron y empezaron a besarse, buscando la reconciliación. Tuve que dar un salto y me escabullí.
-Te quedaste mirando, ¿a que sí?
Ella se tapó la cara con las manos y siguió riendo.
-Me quedé un momento, luego me fui al sofá. Cuando supe que habían acabado de hacer el amor, volví junto a ellos y me acosté. Esperé a que se durmieran y abracé al chico.
-Cómo eres…¿A quién importunaste más?
-¿Qué me pediste la última vez que me alejé?
-Que te pegaras a la sombra de lo que quise…¿Lo hiciste?
Me contó que un dia andaba aburrida y se dedicó a perseguir a las palomas de la gran ciudad. A una de ellas le arrancó una pluma y tuvo una idea. Le buscó, dio con él y se coló en su piso mientras él tendía la ropa en el balcón.
-No sigas –dije enfadada.
-Seguro que te mueres por saber cómo está.
No contesté y seguí con mi labor. Después de unos minutos, la curiosidad me pudo.
-¿Qué hiciste con la pluma?
Volvió a reír.
-Me acercaba a él por detrás mientras trabajaba. Me agachaba a su lado y le pasaba la pluma por la nariz hasta que conseguía que estornudara. Luego él decía en voz alta: “cachis, he vuelto a resfriarme…”
-¿Y qué más?
-A veces me aburría y me acostaba. Le esperaba leyendo algún libro. Cuando por fin venia a la cama, le miraba hasta que él conseguía conciliar el sueño. Sacaba la pluma y me dedicaba a acariciarle.
-Haces que me avergüence de ti…
-¿Por qué? Cuando él tenia pesadillas le soplaba en la oreja y se calmaba. Yo era su atrapasueños….
-Bueno, ya seguiremos mañana. Estoy cansada –me froté los ojos y me levanté del sofá.
-¿Puedo dormir contigo?
-Haz lo que quieras, pero no saques la pluma.
Ya en la cama, se abrazó a mí. Sonreí. Me echaba de menos, lo sé.
-La próxima vez no te coseré a mis pies. Usaré pegamento extrafuerte y te quedarás siempre conmigo.
-Olvidas que existe el disolvente.
La sombra bostezó largamente y se durmió. Aquella noche yo fui su atrapasueños.

jueves, 16 de diciembre de 2010

SAVI VILATRISTA


Avui ja en tinc prou de cosir. Tampoc he fet massa cosa, però el què he fet ha valgut la pena. Després de dinar, fent un café i fumant un cigarret, m’he dit: avui res de migdiada, eh? Sí, he de treballar. Però fa fred i el llit em crida…S’hi està tan bé…I Bruc em mira per saber si m’aixeco i enfilem junts el passadís. Abans li faig un petó al setter. Ell ja ha agafat el son, tapadet amb la manteta. Quin parell de gossos malcriats que tinc…un al sofà i l’altre dins el llit, amb mi. Dorm, mixeta, dorm. No hi ha perill, sembla que em digui.

Demà farà un any que vaig veure per última vegada al savi Vilatrista, llest, capficat. Feia tan de fred com avui, però jo estava contenta. Feliç.

-Com estàs? Li vaig preguntar aquest estiu.
-Malament, em va dir.
-Doncs ja en som dos.
-Què et passa, cuca?
-Res, que he perdut l’alegria… Tinc ganes de veure't.
-Jo també. T’estimo.
-T’estimo.

Avui fa un fred que pela, sembla un hivern com els d’abans. Afanya’t, que no queda temps. Deixe’m de buscar els errors. A vegades la pifiem i caiem en fals. I se’ns estreny el cor.

Em pregunto per què no ens estimem més. No et preguntis tant el per què de les coses. Penses massa, em van dir aquesta setmana. Dic que sí, que sí, que no. Ara balles, ara rius. Tornes a riure? Sí, he deixat la tristesa per a un altre moment. Ara no tinc temps per a ella. Et fas la presumida? I somric.

Avui que estem tots junts, avui que estic tan dolça, podem jugar a petons. T’estimaré, demà sempre puc fer-ho més, gat amb jersei de ratlles. Ens veurem per Nadal? Vull una abraçada de les teves.

sábado, 4 de diciembre de 2010

27



27 besitos
27 abraçades
27 anys juntes
27 dies de platja
27 rialles
27 sms
27 trucades
27 t'estimo

miércoles, 26 de mayo de 2010

SEE EMILY PLAY

Hace ocho años, una calurosa tarde de mayo, una persona me entregó a Bruc en una cajita de cartón. Así, cuando él sólo contaba con diez días de vida, me convertí en su madre adoptiva. Aprendí a darle el biberón, luego pasamos a las papillas, le enseñé a caminar a mi lado, algo de educación, en fin, como una madre cualquiera.

Hace siete años me inspiré en él para crear a Bruquet. Me pasé toda una tarde jugando con retales, cosiendo y bordando para que, después de unas horas de trabajo, mi Bruc de carne y hueso se convirtiera en un muñeco para Lluís. Cada vez que me sentía triste, me iba a jugar, como una niña. Y de cada tarde de juego salía un nuevo Bruquet. Como yo no podía mantenerlos a todos les buscaba un hogar, para que la persona que los adoptara se sintiera un poco más feliz. Ahora disfrutan de su compañía niños y adultos que no han dejado de serlo: Javito, Nil, Oriol, Lidia, Cinta, Joan, Ada, Yvonne, Aina, Paula, Paloma y Mara. Pronto se unirán Rita y Miquel para jugar con ellos.

Yo me quedé con una parejita, Mary Kate y Luigi. Al principio se peleaban, se enseñaban los dientes si uno se acercaba más de lo necesario al plato de comida del otro, se robaban las pelotas de tenis que Javito me regalaba para ellos y las escondían debajo del sofá…Con el paso del tiempo aprendieron a convivir y creo que se han enamorado. ¿Que cómo lo sé? Pues porque hace una semana me despertaron unos llantos de bebé. Me levanté medio dormida y no podía creer lo que veían mis ojos. Mary Kate había dado a luz a una camada de preciosos perritos de trapo en el sofá y a su lado estaba Luigi atendiéndola, orgulloso de ser padre. Los cachorros han salido con lo mejor de ambos. Unos con las orejas a cuadritos, divertidos y juguetones como su madre. Otro más serios y tranquilos, igualitos que su padre. Y ahora, como Mary Kate es primeriza, no se aclara con todos. Y Luigi se pasa la noche acunando a los pequeños y cantándoles canciones para que se duerman. Con tanto trajín en casa, Bruc y yo estamos pensando en mudarnos. Pero luego reflexiono y pienso: ¿no sería mejor que alguien adoptara a los pequeños? Así yo volvería a jugar tranquila y Bruc dormiría a gusto en el sofá que antes le pertenecía y que ahora ocupan los cachorros. Y dejarían de tirarle de las orejas…

 
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