viernes, 12 de marzo de 2010

44 VIOLETAS IMPERIALES

La primavera ha venido y yo sé porqué ha sido.

martes, 9 de febrero de 2010

TERESA


Años después, María aún se acuerda de Teresa. Y se pregunta por qué hoy ha decidido romper su promesa, al contaros quién le escribía las cartas de amor para aquel novio de cabellos dorados como los de ella, que montaba en bicicleta.

Hace tiempo, las dos niñas sentadas en aquel patio umbrío, se complementaban. Una era rubia y la otra morena. Aún tenían cuerpos de niña, cuando en sus compañeras de colegio ya se adivinaba el cambio de la adolescencia, aquel camino sin retorno al que ninguna de las dos quería adentrarse. Comían las aceitunas que doña Anita, la abuela de Teresa, la niña rubia, guardaba en aquel palomar olvidado.
María, la niña morena, sacó un paquete azul del bolsillo delantero de aquel uniforme gris que tanto odiaba.
-Mira. Hoy fumaremos, como mi abuelo.
-¿De dónde lo has sacado? –preguntó Teresa.
-De un cajón de la salita. Mi abuela lo guardó y yo lo encontré.
El abuelo de María, Juanito, había muerto unos días antes.
-¿Le echas de menos?
María se encogió de hombros.
-Sólo sé que por las noches, antes de dormirme, aún lloro. En silencio, para que mis hermanas no sepan que soy una llorona.
Teresa cogió un cigarrillo y lo miró, preguntándose como lo encenderían. Pero María, como había hecho con los cigarrillos, también había robado una caja de cerillas de la cocina. Prendió un cigarrillo, como había visto miles de veces hacer a su abuelo, y tosió.
-Es asqueroso. ¿Cómo podía gustarle tanto?
Doña Anita apareció como por arte de magia junto a ellas y las reprendió.
-¿No sabes que esto mató a tu abuelo? –dijo enojada.
María enrojeció y quiso desaparecer de la vista de aquella mujer menuda de moño blanco. Apagó el cigarrillo en la tierra de una maceta y lo hundió en ella.
Antes de irse, la mujer se dirigió a su nieta y le dijo:
-¿Le has contado a María que te cambian de colegio? Teresa no progresa y sus padres han decidido que estudie interna en el Betania. –Continuó la mujer mirando a la niña morena. Después recogió el paquete de cigarrillos del suelo y lo escondió en el bolsillo de su delantal.
-No sufras, tu abuela no se enterará de lo que has hecho. Pero que sea la última vez que os veo fumar. ¿Habéis merendado? –se marchó sin esperar respuesta. Luego regresaría con dos bollos de leche y chocolate, como hacía siempre.
-Si te cambian de colegio, ¿ya no nos veremos más? –María rescató el cigarrillo enterrado, lo volvió a prender y se lo pasó a su amiga.
-Los fines de semana, sí. Sólo permaneceré interna de lunes a viernes. Hoy me ha besado. –A Teresa le brillaban los ojos.
María abrió los suyos.
-¿Da asco?
-No, es agradable. Mira, haz como yo. –Teresa acercó la parte interna de su antebrazo a su boca, cerró los ojos y se besó. María siguió su ejemplo.
-No he sentido nada.
-Es que no es lo mismo, es diferente. Un día lo sabrás. –Contestó Teresa confiada.
-Yo jamás dejaré que me besen. –María sabía que transcurrirían años antes de que eso pasara, si es que llegaba a suceder algún día.
-Y si hueles a tabaco como ahora, no pasará nunca. –Teresa rió al ver la expresión avergonzada de su amiga-. Me ha mandado otra carta.
-Déjame ver. –María cogió el papel doblado que su amiga guardaba en su carpeta y lo desplegó. Empezó a leer-. Coge un papel en blanco y escribe lo que te voy diciendo.
María pensaba en un amigo imaginario. En cómo sería querer a alguien y en qué le diría. Suspiró y comenzó a dictar. Su amiga Teresa escribía con esfuerzo, sacando la puntita de la lengua, como una alumna aplicada. Cuando terminaron la misiva, la leyeron en voz alta y se dieron por satisfechas.
-Le gustará. –concluyó Teresa. –Me dijo que escribía muy bien. ¿Qué pasaría si se enterara de que no soy yo quien le escribe?
-Nunca lo sabrá. Será nuestro secreto, no temas.
Doña Anita regresó con la bandeja de la merienda y las dos niñas se sentaron en la mesa de madera. Comieron calladas, contemplando las plantas que la abuela de Teresa cultivaba.

Años después, María aún se acuerda de Teresa, de su amor por las plantas que más adelante convertiría en su profesión. De su alocado setter inglés que tenía flatulencias aromáticas. De sus cinco hermanos rubios como ella. De su casa junto al canal. De aquellas tardes en la cocina preparando la merienda. De su primer club de amigos y de cómo se fueron distanciando. Y se pregunta por qué hoy ha decidido romper su promesa, al contaros quién le escribía las cartas de amor para aquel novio de cabellos dorados como los de ella, que montaba en bicicleta.

miércoles, 3 de febrero de 2010

FUEGO EN EL CUERPO


Un día, años antes de que un vell amic se casara, su madre se encontró con la mía y le dijo: me hubiera gustado que una de tus tres hijas se hubiera casado con mi hijo. Por suerte para él, encontró a alguien que le quiere y que le ha dado a sus dos hijos, una guapa y simpática niña y un niño, el bullicioso Ferran.

Cuando empecé con la historia de Dash y Lilly, creé un personaje, Joseph Shelf, el magnate de la isla donde trancurre parte de la acción. Nadie se ofrecía, hasta que un vell amic me lo pidió. Se lo di de inmediato. Me pareció perfecto, aunque el magnate Shelf y él tengan pocas cosas en común. Dentro de unos días aparecerá el nuevo protagonista.

A veces, mi amigo me manda un correo electrónico. Me pide que le avance acontecimientos. Me pregunta cómo será, si matará a alguien. Y yo le adelanto parte de la trama. Ha creado una banda sonora para Dash y Lilly. Iré incorporando sus temas según vaya publicando los capítulos. Y es que yo relaciono a mi amigo con la música y las canciones que nos preparaba cuando venía a buscarnos para salir. Cuando subíamos al coche, normalmente y privilegios de ser mayor, mi hermana B. se sentaba al lado del conductor. Yo subía detrás. Mejor para mí. Un vell amic nos decía: ¿estáis preparadas? le daba al interruptor del equipo de música y nos descubría una canción. Me gustaban aquellos momentos. Como es de apariencia tranquila, su conducción era suave. E iba guiando el auto por aquella carretera de la costa, plagada de clubes de alterne iluminados y palmeras. Yo me arrellanaba en el asiento trasero y oía la canción con los ojos cerrados, o mirando el mar. No recuerdo que fumáramos en su coche…Diría que no.

Sólo le he visto una vez nervioso. Fue en el cine, viendo Fuego en el cuerpo de Lawrence Kasdan. El encuentro del abogado protagonizado por William Hurt con la mujer fatal, Katherine Turner. El helado de ella derritiéndose, la camisa empapada de sudor de él, el calor sofocante de Florida…La escena de pasión que concluía en una bañera de agua helada a la que ella iba añadiendo hielo…Aquello resultó insoportable para mi amigo y… encendió un cigarrillo en el mismo cine. Mi hermana y yo nos quedamos boquiabiertas ante su reacción. Creo que aquel pitillo ha sido el más relajante de su vida.

Y es que, como le dije, para mi un vell amic será ahora y siempre aquel abogado cegado por la pasión, siempre será el William Hurt de mi vida.

domingo, 31 de enero de 2010

HISTORIAS DE EMILY


Este año, la revista Blogger ha elegido a Emily para hacerle una entrevista. Celebra sus tres años en la comunidad de Blogville. Nos recibe en su ático con una vista espectacular, ofreciéndonos un desayuno en la terraza. Antes de cruzar la puerta, nos advierte que su perro, un precioso teckel bicolor, no es de fiar. Nos aconseja que le ignoremos, como así hacemos.

-Antes de todo, Emily, felicidades por estos tres años. He repasado el mes de enero de 2009 y me llama la atención un post, Una mujer incómoda
-Bueno, preferiría no hablar sobre él. –Contesta contrariada -. Si pudiera, borraría aquellos dos primeros meses del año pasado. Pero eso ya es historia y de todo se aprende, como diría mi amiga la bruja…

Pero insisto. Hay un post muy enigmático, La Reina de las Nieves

-Sí, contaba un sueño que tuve. Recuerdo que no conseguía quitarme el frío de encima. Viví con la Reina de las Nieves una temporada…
-Me llama la atención un post, Hay que vivir. ¿Acaso perdiste interés por la vida?
-Fue un post muy comentado. Como he dicho, arrastraba un frío enorme y estaba como ensimismada. Me levantaba de la cama y vivía por inercia, sin ilusión. Hasta que un buen amigo me mandó un listado de las cosas que tenía y por las que se supone tenía que vivir. Se lo agradecí. De alguna manera, me abrió los ojos.
-En febrero publicaste Love for Sale, el relato de una mujer que decide vivir una experiencia, la de ser prostituta por un día. Cuéntanos.
-Sí, lo recuerdo con cariño. La idea surgió durante un desplazamiento hasta el hospital donde trataban a mi padre de su cáncer. Había mujeres en la autovía que vendían su cuerpo un día que nevaba. Me pregunté si algún coche pararía si me pusiera un día en la carretera como hacían ellas. De una conversación con un amigo, surgió la segunda parte y luego la tercera. Gustó a mis lectores y me pidieron que continuara. –Emily sonríe. Enciende un cigarrillo, parece nerviosa.
-Pasemos a marzo. Volvemos a un post muy misterioso…
-¿Te refieres a Aguas de marzo?. Lo publiqué el día de mi cumpleaños. En él, el Creador me cita en un bar para hacer balance de mi vida. Me reprocha mi actitud frente a ella y me ofrece cinco años más de vida si le demuestro que no se equivocó al elegirme.
-¿Y se equivocó?
-Bueno, estoy en ello. Espero no defraudarle.
-Celebraste la primavera antes de tiempo…

Ríe antes de contestar.

-Te quiero, es primavera de nuevo, te quiero. Una tarde que ya avanzaba la primavera, por el sol y la temperatura, sonó una canción de Cole Porter: I love you. Sentí ganas de bailar y bailé.
-Como en esas películas en blanco y negro que tanto te gustan, como dijo Violette…
-Sí, el cine es muy importante en mi vida. Hablé sobre el amor; sin él la vida no tiene sentido. Aquel 16 de marzo, di carpetazo a una historia que me hizo sufrir. –Sus ojos chispean unos segundos, pero luego sonríe.
-En abril decidiste callar. ¿Porqué?
-Me había quedado sin palabras y callé. Mi sombra me abandonó, se aburría a mi lado. Por suerte, decidió volver junto a mí. Hubo muchos comentarios de protesta y de apoyo. Aquello me animó, mis lectores me echaban de menos…
-En junio se percibe un cambio. Háblanos de Sexual Healing.
-Ja, ja. Recuerdo que conducía (volvía de una visita del hospital, esta vez me tocaba a mí) y en la radio sonaba Sexual Healing. Pensé que lo que realmente necesitaba para recuperarme era una completa cura sexual. Mi delgadez y mi apatía desaparecería si ingresaba en una residencia ficticia llamada El final feliz. Si existiera dicha residencia, no le faltarían clientes…
-En julio un post titulado El fantasma se despide. ¿Acaso vives con un fantasma?

Vuelve a reír antes de contestar. Parece más relajada y enciende otro cigarrillo.
-Ahora ya no. Me vine a este ático con mi perro. Dicen que en él vivía un fantasma que hacía la vida imposible a los que allí habitaban. Pensé que si el fantasma se enamoraba de mí, me dejaría en paz. Lo conseguí y me dijo adiós en una carta muy emotiva. Pero me prometió venir a buscarme el día que me muera. Así lo espero…

Me atrevo a preguntarle si ahora es feliz, al menos lo parece.
-Sí, completamente feliz. –Contesta, mientras sienta a Bruc en su regazo.
-En agosto sorprendes a tus lectores con un cuento erótico, El vestido negro.
-La culpa es del Veí de Dalt. Buscaba colaboraciones para su blog en forma de cuento subido de tono. Me animé y lo escribí. Ahora me acuerdo de una tarde en la playa, y las risas de mi hija mientras me ayudaba a corregirlo. Ese mismo mes lo emitieron en un programa de radio, Calents i contents. Aquello me animó a seguir escribiendo. Me llamaron Emily, la blocaire calenta, jaja.
-Háblanos de Blogville crepuscular
-La historia de este post vino de un comentario mío en el blog Turó Parc. La idea era que los habitantes de Blogville que estuvieran solos en su vejez, vivieran juntos en una residencia modélica. Les gustó y me temo que al final, acabaré siendo residente en ella si no le pongo remedio.
-En octubre tres post. Uno sobre tu impulsividad, un fragmento de El cielo y tú muy misterioso, y la cuarta y última entrega de Love for sale.
-Sí. Mis ocasionales impulsos me han creado más de un disgusto. En El cielo y tú, la película de Bette Davis y Charles Boyer, hablo sobre aquellos instantes de felicidad que desearíamos no acabaran nunca, que fueran eternos y que nos ayudan, pasado un tiempo, al recordarlos.
-En noviembre surge una idea, la de Dash y Lilly. Y un post de homenaje a Wendy, la perra de su hermano.
-En noviembre, como tú bien dices, murió Wendy. La recordé con un post, divertido y a la vez, sentimental. Y escribí el primer capítulo de lo que acabaría siendo un blog paralelo al de Emily. En Pentimento, introduje a Lillian Hellman en Blogville. Animada por el Paseante, creé Dash y Lilly. Pedí a mis lectores que se buscaran un personaje y aquí estoy: escribiendo un capítulo cada quince días con la ayuda del Paseante.
-Tus lectores están entusiasmados…
-Sí, sin ellos no soy nada.
-Llegamos a diciembre. Se te ve feliz y animada.
-Ya he dicho anteriormente que soy feliz y la idea de Dash y Lilly me anima a seguir escribiendo. El listón está muy alto, pero continuaré. Nunca dejo algo que he empezado, a medias.

Emily bebe té y lía otro cigarrillo.

-Por último, qué deseas para este año que justo acaba de empezar.
-Poco. O mucho. Seguir como hasta ahora y que la inspiración no me falte.
-¿Te arrepientes de haber creado un blog?
-No, eso nunca. Hay quien desprecia ese mundo. Lo de los blogs y todo lo demás. Pero yo ya no contemplo mi vida sin ellos dos.
-¿Deseas añadir algo más antes de concluir esta entrevista?
-Nada. Agradecer a los lectores que siguen conmigo, saludar a los nuevos y esperar tener cosas interesantes que contar…

Emily se levanta para despedirnos. Le agradecemos el tiempo que nos ha dedicado y el desayuno que nos ha ofrecido. Nos acompaña hasta la puerta con su perro en brazos. Al final no ha sido tan fiero con nosotros como nos había advertido, aunque el fotógrafo que me acompaña ha temido en alguna ocasión por el estado de su calzado.

-Suerte con Dash y Lilly.
-Gracias.

jueves, 28 de enero de 2010

PARA SALINGER, CON AMOR Y SORDIDEZ

Who wants flowers when you're dead? Nobody.

sábado, 23 de enero de 2010

NUESTRA NIÑA DE ORO YA ESTÁ AQUÍ


Estos días una mujer anda ocupada preparando maletas, papeles y buscando un regalo para él. A principios de febrero volará a un país de nombre impronunciable para conocer a su hijo. Un día, una pareja se amó. La consecuencia de aquel encuentro acabó en un orfanato. Sus amigas la esperaremos impacientes mientras cosemos una colcha de patchwork para el niño, que aún está por decidir.

Estos días, después del terremoto de Haití, miles de niños han quedado sin padres. Con suerte, se reunirán a los miles de niños que ya esperaban unos padres nuevos para que les cuidaran. Si yo fuera el Creador, buscaría una mujer para cada niño, y cada uno de ellos tendría su propia colcha.

Estos días, concretamente el lunes, una niña llegó a este mundo para alegrarnos un poco la vida. Como decían en un cuento, nuestra niña de oro ya está aquí. Le costó nacer. Esperaba que su tía Emily acabara la colcha de retales que le ha cosido. Ahora, papá y mamá oso, junto a su osito y a Ricitos de oro la arroparán por las noches. Cuando crezca un poco le contaré el cuento. De momento ya le he cantado las mismas canciones que aprendí para sus dos primos. Hay una de especial. La cantaba la iaia Carmen. A mi bisabuela no le gustaban los niños. Tuvo tres hijos, nueve nietos y once biznietos. Y de todos esos niños, me contaron que solamente a mí me cogía en brazos. Parece ser que me dormía acariciando el lóbulo de su oreja mientras me cantaba en catalán:

“Jose és molt fea si la mireu a les fosques,
pareix una maçaneta, tota pleneta de mosques.
Però Jose és molt guapa si la mireu a la llum.
Pareix una maçaneta, collida del mes de juny…”

Los adultos somos engreídos creyendo que salvamos a los niños. Ignoramos que son ellos quienes nos salvan a nosotros. Hace trece años, Javito nos alegró la vida. Después llegó Paula, nuestra ricitos de carbón. Luego nació Luigi. De él sí que puedo decir que me salvó la vida. Me obligó a permanecer en la tierra cuando yo ya tenía otros planes. Ahora se les ha unido Cinta, la niña de oro. Y vendrá otro niño, un garufa como su padre. Lo sé.

El doce de marzo, el Creador me volverá a pedir una cita. Le preguntaré porqué nunca me ha mandado a esa niña morena que espera en el limbo. Pero como le conozco, me contestará: paciencia, Emily. Para ti tengo otros planes…

domingo, 20 de diciembre de 2009



Está a punto de acabar este último domingo antes de que empiecen las fiestas navideñas. Escribo un nuevo capítulo de D y L. Bruc duerme junto a mis pies, acurrucado frente a la estufa. Consulto el correo y veo que La RaTeta Miquey quiere jugar. La echaba de menos. Crearé para ella un personaje contradictorio, como solemos ser casi siempre las mujeres. A veces nos gusta beber y fumar como damas sofisticadas. Beber, reír y nunca pensar. Luego, ya en casa, nos quitamos el complicado traje de mujer fatal y cocemos mermeladas mientras de fondo alguien con voz de mujer, pongamos Billie Holiday, nos canta What a difference a day made. ¿Qué hace que un día sea diferente del resto de los días? Dadme una respuesta a mi pregunta. ¿Por qué a veces nos sentimos como niños pequeños? Tan vulnerables que sólo nos reconfortaría un abrazo de alguien que accediera a querernos. ¿Dónde te escondes, lover man? No sé por qué, pero me siento tan triste, canta Billie. La noche es fría. He oído decir que la emoción del amor es un sueño celestial. ¿Dónde estás, lover man? Me acuesto y rezo para que vengas a hacerme el amor, por extraño que parezca. Algún dia nos encontraremos y se secarán mis lágrimas, mientras me susurarrás al oído dulcemente. Abrazos y besos. ¿Dónde estarás, lover man?


Aunque estas letras parezcan tristes, no lo son. La música que suena es la culpable de mi estado. Dije adiós a la primavera y al verano. Pero este invierno que empieza será cálido, porque ahora, después de tantos años, demasiados, me siento completamente feliz. Porque presiento que quedarán atrás los malos momentos. Que mi hermana se recuperará. Que nacerá una niña rubia y nos hará feliz cuando duerma entre nuestros brazos. Que mis padres seguirán envejeciendo juntos por mucho tiempo. Que mi médico argentino, clavadito a un locutor de radio, me dará buenas noticias. Que J. seguirá escribiendo canciones perfectas. Que mi hija ficticia acudirá a su cita montada en su bicicleta, como si volara. Porque, ¿no es el amor lo que nos mantiene vivos?

Mi tío Joan seguirá vigilándonos desde su cielo. Nos protegerá, feliz, si nos ve felices.

Si os sentís mal, os dejaré un trozo pequeño de mi felicidad en vuestros calcetines. Para que nunca os sintáis como un niño sin madre, para que sepáis que estoy a vuestro lado, aunque estemos lejos. FELIZ NAVIDAD.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

EL ESPÍRITU DE WENDY


Hace doce años un tipo al que conozco, quizá demasiado, tomó la decisión de irse de casa. Acababa de estrenar trabajo y no dudó un instante en buscar un piso con una gran terraza soleada. Un sábado me llamó para que le acompañara a un sitio. Coge las llaves del coche, remarcó. Adónde vamos, le pregunté ya sentada frente al volante. A buscar un perro. Fruncí los labios y callé. Conduje hasta la protectora en la que durante un tiempo había sido voluntaria. Cuando llegamos, Gabriella, una apasionada italiana que luchaba contra el mundo, nos dijo que fuéramos mirando perros mientras ella se ocupaba de atender a los otros canes. La protectora estaba abarrotada y todos los perros nos saludaban moviendo la cola, mostrándose alegres por si nos decidíamos por uno de ellos. En una jaula, sobre una de las casetas estaba ella. Porque era “ella”. Nos miraba expectante y moviendo su cola. Si bajas, vendrás con nosotros. Pareció entender la consigna, y acto seguido saltó de la cubierta de la caseta y le pusimos un collar y un nuevo nombre, Wendy. Firmamos los papeles de la adopción, entregamos un donativo y subimos a la perrita en la parte posterior de mi auto. Acomodó su trasero en la sillita de bebé que yo llevaba para Javito, para horror mío. La perra traía consigo compañía: unas doscientas pulgas saltarinas a las que liquidé sin piedad horas después en la bañera del ático.

Puedo decir, sin equivocarme, que ha sido una relación estable. Doce años de convivencia idílica hasta hace dos días. Ella, en contra de lo que dicen de los perros, decidió abandonar al tipo que la adoptó. Antes de irse, le pregunté si no quería conocer a la niña que verá la luz seguramente el día de Reyes. ¿Es que no quieres conocerla? Pero no obtuve respuesta. Simplemente bajó la cabeza y la apoyó en su almohada.

Ayer salí a la terraza. Solté el agua, hice llover sobre las plantas, arranqué las hojas muertas de los pensamientos, observé durante un minuto los bulbos que planté, para ver si se decidían a mostrar su tallo verde, tendí la ropa al sol y me fumé un cigarrillo mientras fisgoneaba la terraza de Toni, mi vecino soltero. Controlo cuando hace su colada, y cuento uno a uno sus calzoncillos, para ver si se cambia de ropa interior cada día. Como normalmente tiende su ropa una vez por semana, deberían de haber siete calzoncillos. Si hay tres o cuatro, me oigo decir: vamos por mal camino, Toni. Hay que cambiarse cada día la muda. Estiré el cuello para ver el estado de sus plantas. Dan pena y esto no le honora porque es biólogo, y se supone que su terraza debería de ser un vergel y la envidia de su vecina la espía. Del enorme contenedor de madera sobresalen ahora hierbas secas que ni siquiera se molesta en arrancar. Los tiestos de barro estan apilados y vacíos. El banco y la mesa de madera necesitan un lijado a fondo y unas capas de aceite para que resplandezcan de nuevo, a la espera de una cena romántica que hace tiempo que no sucede.

A favor de mi descuidado vecino, diré que la culpa de que la terraza de Toni se encuentre en tan deplorable estado la tuvo la perra. Cuando se quedaba sola y aburrida, saltaba el separador que divide nuestras terrazas, y se dedicaba a vaciar el contenedor de madera y esparcía toda la tierra por el piso de la terraza. Si yo me daba cuenta, saltaba con la ayuda de un taburete la separación, con la escoba en una mano y un recogedor en la otra y borraba las huellas del delito. Pero a veces no llegaba a tiempo, y cuando Toni regresaba a casa, él solito se comía el marrón. Siempre calló y nunca hubo una sola queja por las travesuras de Wendy. Un día nos contó cómo al volver del trabajo se encontró a la perra durmiendo a pierna suelta en medio de su cama, y hasta eso le perdonó. Y sé que a menudo conversaban mientras él le rascaba la cabeza. Él hablaba y ella escuchaba, compartiendo su soledad.

Hoy he comprado una planta en un garden center al que suelo ir cuando busco la paz entre la belleza de las flores. Le he pedido al encargado que sea un arbusto que resista al viento, aguante las heladas, que sobreviva a la humedad y al ataque de los pulgones. He buscado la perfección para regalárselo a Toni, para que nos perdone estos años de ausencia de plantas en su terraza. Se lo he dejado sobre la vieja mesa de madera junto a una nota. En ese papel he escrito: Wendy ya no vaciará más tus tiestos de barro, hace dos días nos dejó. Que esta planta te la recuerde con una sonrisa.

Como hasta en las situaciones más dramáticas hago una broma, he querido añadir: y cámbiate todos los días los calzoncillos. Pero me he reprimido, pues he notado cómo las lágrimas se deslizaban por mis mejillas y he corrido a esconderme, por si me pillaba.

sábado, 24 de octubre de 2009

SO IN LOVE



“Dani, mañana vendré a buscar al perro. ¿Podríamos quedar? ¿Qué te parece en el malecón, junto a la escultura de las palmeras de hierro? Calculo que estaré allí hacia el mediodía. Dime algo”.
He leído su mensaje unas cuantas veces. Ya no esperaba noticias suyas después de tanto tiempo. Se marchó sin decir adiós en febrero, dejando una nota sobre la almohada para que la leyera nada más despertarme: “Volveré”. Me levanté deprisa y lo primero que hice fue mirar en su armario. Estaba vacío. Se ha ido –pensé-. Se ha ido. Me senté abatido en el sofá donde aún dormía su perro.
-Parece que nos hemos quedado solos. –le dije al perro mientras le rascaba la cabeza-. Nos hemos quedado solos…

Hoy es uno de noviembre. Siete meses y ahora da señales de vida, después de tanto tiempo. He cepillado al perro por última vez. He recogido su manta, su pelota, sus cuencos y lo que queda de su comida y lo he guardado en una vieja bolsa de deporte para entregarlos a su dueña cuando nos veamos.
-Vuelves junto a ella, camarada. –Mientras cepillo enérgicamente al perro, me doy cuenta de que ha envejecido-. Has encanecido, viejuno.
Su ausencia ha sido más llevadera junto a su perro. Cuando le miraba a él, la recordaba a ella. Día tras día esperando una llamada, un mensaje que no recibía nunca, hasta ayer. Sabía que volvería, pero me pregunto qué le ha pasado justamente ahora para que decida regresar y encargarse del animal.
-Quien de casa huye, a casa vuelve –ha comentado mi madre. Me he limitado a encoger los hombros y he atado la correa al collar del perro para irnos.
Nos hemos tomado nuestro tiempo, paseando lentamente. Desde la urbanización donde vivo hasta el paseo marítimo hay unos dos kilómetros a pie. Hemos caminado hasta las palmeras de hierro, el lugar de la cita, y he esperado sentado en la baranda de cemento. El perro se ha levantado sobre sus patas traseras y le he subido para que se sentara junto a mí. El último temporal de levante ha dejado la playa casi sin arena. Miro el reloj. Casi es mediodía. Será puntual, como siempre. Mientras espero, enciendo un cigarrillo y observo el mar.
-¡Dani! –es su voz. Me giro y la veo correr hacia nosotros. Sonríe y saca de su bolso una pelota amarilla de tenis, las preferidas del perro. Desato al animal para que corra en su búsqueda. El perro avanza tímidamente hasta ella y cuando se encuentran, se echa sobre su espalda para que ella le acaricie.
-Te he echado de menos, cuánto te he echado de menos…-le repite mientras le abraza.
-¿Y a mí, me has echado en falta? –Dios, cómo me alegra volverla a ver…
Ella me mira y me responde:
-A ti, especialmente –contesta mientras me abraza. Me sorprende su efusividad. Antes no era así. Parece feliz.
-Caminemos. Tengo que estirar las piernas, he conducido de un tirón para llegar a tiempo.
Mientras paseamos va contándome qué ha sido de su vida durante estos meses de ausencia. Mientras habla, voy poniendo imágenes a su relato. Coche, carretera de la costa hasta llegar al sur, una casa blanca, nuevo trabajo en otro restaurante…
-Físicamente estás mejor. Has ganado peso…
-Hay alguien que cuida de mí…-responde con una sonrisa-. Y he dejado de fumar.
Me detengo para encender un cigarrillo y aprovechamos para sentarnos en uno de los bancos de madera del paseo.
-¿Quién es? –tengo curiosidad por saber quién es el tipo que la hace feliz.
-Dame un cigarrillo –me pide antes de responder.
Le ofrezco el paquete y un encendedor. Mientras prende el cigarrillo y exhala el humo hacia el cielo se toma un tiempo antes de contestar. Siempre me gustaron sus silencios.
-Cuando llegué a mi destino me tomé un tiempo antes de buscar trabajo. Tenía dinero suficiente para unos meses y necesitaba un descanso. Quería dejar de pensar en lo vacía que me resultaba la vida y lo conseguí. Cuando se acabaron mis ahorros busqué trabajo en lo único que sabía hacer: servir mesas. Y lo encontré fácilmente. Es el dueño del restaurante. –Ahora me mira unos segundos y enseguida baja la vista hacia el suelo.
-Me alegro. –miento.
En realidad tengo celos de este hombre que la hace feliz. Durante dos años yo fui su única compañía. Secretamente me alegraba de su infelicidad porque me necesitaba. Ahora ya no precisaba de mi compañía y reconozco que me duele.
-¿Y tú? Supongo que has acabado tus estudios. ¿Vas a continuar?
Como me esperaba su pregunta ya la había preparado con antelación.
-Sí. He empezado primero de biología.
-Me alegro por ti. Y recuerda una cosa: por nada del mundo abandones tus estudios. Aprovecha tu oportunidad. Yo abandoné y pagué demasiado cara aquella decisión.
-¿Le quieres?
Ahora se queda en silencio unos minutos antes de responder. Demasiados.
-Le quiero a mi manera. –responde-. Me cuida y soy relativamente feliz a su lado.
-¿Te parece justo quererle así, sólo porque te cuida? –quiero hacerle daño.
Mira largamente mar y me contesta:
-No hay nada justo en esta vida…Bueno, creo que ha llegado el momento de despedirnos. Tenemos por delante muchas horas de camino.
Busca en su bolso y extrae un sobre.
-Esto es para ti. Te agradezco que hayas cuidado al perro en mi ausencia. Y perdona el silencio de estos meses.
-No quiero nada.Pensé que no volverías y ya me había hecho a la idea de que pasaría el resto de sus días con mis padres. Ellos eran quienes le cuidaban ahora y le querían…
Se levanta para despedirse y adelanta su mano para jugar con mi cabello. Pero detengo su gesto bruscamente.
-No hagas esto, por favor. Ya no soy un niño. De hecho ya no lo fui la última noche que pasamos juntos. ¿Acaso lo has olvidado?
-No, Dani, no lo he olvidado. Aquella noche me salvaste aunque tú no lo supieras. Suena melodramático, lo sé, y ahora lo único que deseo es mirar de frente y olvidarme de lo que fui.
Se agacha para coger la correa del perro y se despide.
-Coge el dinero y en verano vienes a verme. Aquello te gustará. Adiós, Dani.

No quiero ver cómo se aleja de mí. Espero unos minutos y enciendo otro cigarrillo para calmarme. Miro el sobre que ha dejado sobre el banco y lo guardo en el bolsillo del pantalón mientras pienso en la mentira que le he contado y me siento miserable por lo que le he dicho.
-Te odio, te odio, te odio, te odio. -He empezado a sollozar como un niño hasta que las lágrimas han inundado mis ojos. He envidiado su felicidad lejos de mí. Pero cómo explicarle que en realidad mi vida ha continuado como siempre y que estoy atado a este lugar hasta el resto de mis días…Ojalá tuviera su valentía y buscara, como ella, playas con banderas amarillas.
-Te odio, te odio, te odio…te quiero.
"Es extraño, querida, pero cierto. Cuando estoy cerca de ti, el cielo se llena de estrellas, tan enamorado de ti estoy. Incluso sin ti, mis brazos de rodean. Tú sabes porqué. Tan enamorado de ti estoy. La primera noche que estabas tú, enamorado de mi alegría, supe que podías quererme. Así que provócame y hiéreme. Engáñame, déjame. Soy tuyo hasta la muerte, tan enamorado de ti". "So in love". Cole Porter.

viernes, 16 de octubre de 2009

EL CIELO Y TÚ


"-Por favor, no se vaya ni se mueva...
-¿Por qué?
-Podría decirle que no se moviera porque el resplandor del fuego es tan hermoso en su pelo... que no se moviera porque es el día de todos los santos y no debe perturbar a los espíritus... por tantas cosas podría decirle que no se moviera... porque éste es un momento de tanta comprensión que no desearía que tuviera fin..."
"-A veces pago por lo que nunca tuve, justo es que por unos días haya tenido algo que no podré pagar. Estas breves horas, este destello de lo que hubiera podido ser mi vida. No pido nada más y aunque hubiera sido una hora, un minuto, hubiera merecido la pena arriesgarlo todo a cambio de él.
-¿Aun sabiendo que no puede durar?
-Durará mientras lo recordemos..."
 
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