viernes 27 de noviembre de 2009

BLOGVILLE NEGRO, COSECHA ROJA



Sin saber por qué Dashiell Hammett y Lillian Hellman se colaron en mi vida. Para mí, estos escritores significan lo que me hubiera gustado vivir. La pasión, las fiestas cargadas de alcohol, las infidelidades, el abandono, el retorno a una vida en común en los últimos años de vida de Dash, ya gravemente enfermo. El éxito de ambos en sus carreras, las obras de teatro que Lillian escribía y que posteriormente fueron llevadas a la pantalla y los libros de él, entre ellos Cosecha roja.

Así que inventé una historia en la que ellos serían los protagonistas. La titularía Dash y Lilly. Sólo tenía un primer capítulo escrito, y luego ya vendría el resto. Tengo el principio, pero ni siquiera sé cómo continua ni que pasará finalmente.

En un post anterior, el Paseante me dijo que sería buena escritora de relatos negros. Le respondí con una amenaza. Que vigilara: no fuera él el protagonista de mi próximo relato, y acabara muriendo en una granja rodeado de caballos, como le sucedió al atracador de La jungla de asfalto interpretado por Sterling Hayden. La próxima en apuntarse para salir en le relato fue Silenci, mi hija ficticia, pero me pidió no quedar encerrada en la granja del Paseante. MK sugirió ser una atracadora fugitiva, la antítesis de una Miss Marple tejedora de bufandas. Lo siento, MK. Ya tienes personaje en Dash y Lilly: serás Dorothy Parker, la mejor amiga de Lillian (ya me gustaría ser a mí la señora Parker…). Yo no tengo papel en la historia, bastante trabajo tengo en inventar la trama y escribir. Pero si me pido uno, secretamente soy Lillian Hellman.

Como suelo ser bocazas y acabo hablando más de lo debido, le conté al Paseante que situaría a los habitantes de Blogville como personajes de la trama. Esta vez con su permiso. Me contestó con un comentario: que creara un nuevo blog con la historia de Dash y Lilly y pidiese a mis comentaristas que imaginaran su propio personaje. Tú lo que quieres es matarme, Paseante. Pero acepté el reto y ya tengo el segundo capítulo escrito, (la continuación de Pentimento) y el primer personaje de Blogville en el relato. El Paseante me pidió ser el cartero que visita a los dos escritores. Como soy maliciosa, le hice caso a medias. Es el guarda de la isla donde viven Dash y Lilly, aparte de cartero ocasional. Y para colmo, le he vuelto a dejar cojo.

Así que señoras y señores de Blogville: ¿me ayudais para continuar con la trama?. No os haré sugerencias. Idead vuestro propio personaje y os iré incorporando en Dash y Lilly. Pero necesito un cadáver, ¿alguien se apunta? Antes de que me conteste el Paseante con un ataque directo al Veí de Dalt para que sea él el muerto, os digo que el Veí ya tiene personaje. Es un barbero con afición periodística y editará el periódico semanal del pueblo.

El enlace de Dash y Lilly lo teneis a la derecha de lo que acabais de leer. Venga, a pensar.
PS: Rita, no busques personaje que ya lo tengo: serás la policía embarazada que investiga el crimen, en plan Fargo. Y no discutas.
También me olvidé de agradecerle a Joan, alias el Paseante, su colaboración en corregirme los textos. Se't gira feina...

miércoles 18 de noviembre de 2009

EL ESPÍRITU DE WENDY


Hace doce años un tipo al que conozco, quizá demasiado, tomó la decisión de irse de casa. Acababa de estrenar trabajo y no dudó un instante en buscar un piso con una gran terraza soleada. Un sábado me llamó para que le acompañara a un sitio. Coge las llaves del coche, remarcó. Adónde vamos, le pregunté ya sentada frente al volante. A buscar un perro. Fruncí los labios y callé. Conduje hasta la protectora en la que durante un tiempo había sido voluntaria. Cuando llegamos, Gabriella, una apasionada italiana que luchaba contra el mundo, nos dijo que fuéramos mirando perros mientras ella se ocupaba de atender a los otros canes. La protectora estaba abarrotada y todos los perros nos saludaban moviendo la cola, mostrándose alegres por si nos decidíamos por uno de ellos. En una jaula, sobre una de las casetas estaba ella. Porque era “ella”. Nos miraba expectante y moviendo su cola. Si bajas, vendrás con nosotros. Pareció entender la consigna, y acto seguido saltó de la cubierta de la caseta y le pusimos un collar y un nuevo nombre, Wendy. Firmamos los papeles de la adopción, entregamos un donativo y subimos a la perrita en la parte posterior de mi auto. Acomodó su trasero en la sillita de bebé que yo llevaba para Javito, para horror mío. La perra traía consigo compañía: unas doscientas pulgas saltarinas a las que liquidé sin piedad horas después en la bañera del ático.

Puedo decir, sin equivocarme, que ha sido una relación estable. Doce años de convivencia idílica hasta hace dos días. Ella, en contra de lo que dicen de los perros, decidió abandonar al tipo que la adoptó. Antes de irse, le pregunté si no quería conocer a la niña que verá la luz seguramente el día de Reyes. ¿Es que no quieres conocerla? Pero no obtuve respuesta. Simplemente bajó la cabeza y la apoyó en su almohada.

Ayer salí a la terraza. Solté el agua, hice llover sobre las plantas, arranqué las hojas muertas de los pensamientos, observé durante un minuto los bulbos que planté, para ver si se decidían a mostrar su tallo verde, tendí la ropa al sol y me fumé un cigarrillo mientras fisgoneaba la terraza de Toni, mi vecino soltero. Controlo cuando hace su colada, y cuento uno a uno sus calzoncillos, para ver si se cambia de ropa interior cada día. Como normalmente tiende su ropa una vez por semana, deberían de haber siete calzoncillos. Si hay tres o cuatro, me oigo decir: vamos por mal camino, Toni. Hay que cambiarse cada día la muda. Estiré el cuello para ver el estado de sus plantas. Dan pena y esto no le honora porque es biólogo, y se supone que su terraza debería de ser un vergel y la envidia de su vecina la espía. Del enorme contenedor de madera sobresalen ahora hierbas secas que ni siquiera se molesta en arrancar. Los tiestos de barro estan apilados y vacíos. El banco y la mesa de madera necesitan un lijado a fondo y unas capas de aceite para que resplandezcan de nuevo, a la espera de una cena romántica que hace tiempo que no sucede.

A favor de mi descuidado vecino, diré que la culpa de que la terraza de Toni se encuentre en tan deplorable estado la tuvo la perra. Cuando se quedaba sola y aburrida, saltaba el separador que divide nuestras terrazas, y se dedicaba a vaciar el contenedor de madera y esparcía toda la tierra por el piso de la terraza. Si yo me daba cuenta, saltaba con la ayuda de un taburete la separación, con la escoba en una mano y un recogedor en la otra y borraba las huellas del delito. Pero a veces no llegaba a tiempo, y cuando Toni regresaba a casa, él solito se comía el marrón. Siempre calló y nunca hubo una sola queja por las travesuras de Wendy. Un día nos contó cómo al volver del trabajo se encontró a la perra durmiendo a pierna suelta en medio de su cama, y hasta eso le perdonó. Y sé que a menudo conversaban mientras él le rascaba la cabeza. Él hablaba y ella escuchaba, compartiendo su soledad.

Hoy he comprado una planta en un garden center al que suelo ir cuando busco la paz entre la belleza de las flores. Le he pedido al encargado que sea un arbusto que resista al viento, aguante las heladas, que sobreviva a la humedad y al ataque de los pulgones. He buscado la perfección para regalárselo a Toni, para que nos perdone estos años de ausencia de plantas en su terraza. Se lo he dejado sobre la vieja mesa de madera junto a una nota. En ese papel he escrito: Wendy ya no vaciará más tus tiestos de barro, hace dos días nos dejó. Que esta planta te la recuerde con una sonrisa.

Como hasta en las situaciones más dramáticas hago una broma, he querido añadir: y cámbiate todos los días los calzoncillos. Pero me he reprimido, pues he notado cómo las lágrimas se deslizaban por mis mejillas y he corrido a esconderme, por si me pillaba.

viernes 13 de noviembre de 2009

PENTIMENTO


"Un pentimento (el plural sería la también forma italiana pentimenti) es una alteración en un cuadro que manifiesta el cambio de idea del artista sobre aquello que estaba pintando. Se trataría, por tanto, de un sinónimo de arrepentimiento."


Cuando mi editor me ofreció su casa junto al lago para que empezara a escribir el guión que tenía en mente, no dudé ni un segundo en aceptar. Sabía que a Dash le molestaría enormemente mi decisión de alejarme de él para escribir. Pero sus opiniones sobre mi trabajo minaban mi autoestima en la creación de mis obras. Aunque sólo leía el manuscrito cuando yo lo consideraba acabado, su crítica solía ser tan demoledora que mi estado de ánimo permanecía por los suelos durante semanas, y sólo podía reescribir el texto si me alejaba unos días de él.

Nuestra relación tampoco pasaba por buenos momentos desde que él mismo había tomado la decisión de dejar de escribir ninguna palabra más. Su única ocupación consistía en dar largos paseos por la playa, pescar, leer junto al fuego mientras fumaba su pipa, beber -cada vez más- y dormir. E intentar revisar mis escritos por encima de mi hombro mientras yo trabajaba, cosa que rara vez conseguía.

Marqué el número de teléfono de mi editor y hablé con su secretaria. Él ya le había dado instrucciones para mí por si aceptaba la propuesta de instalarme en su cabaña. La llave de la puerta estaría escondida debajo de uno de los tiestos con pensamientos que decoraban el porche. Encontraría comida en la despensa suficiente para unos días. Después se encargaría de mí una persona del pueblo a la que siempre contrataban cuando mi editor la ocupaba durante sus vacaciones.

Cuando le anuncié a Dash mi decisión, su reacción me sorprendió. Me dijo que lo hiciera, que nos iría bien alejarnos un tiempo. Aquello me molestó. Secretamente esperaba que se enojara, que me suplicara que no me fuera. Pero no fue así. Preparé mis maletas, mi máquina de escribir y el suficiente papel para emborronar páginas y páginas de las que acabaría desechando la mayor parte. Nos despedimos con un ligero beso en la mejilla y un simple cúidate.

El tiempo que dediqué a viajar hasta la casa del lago estuve absorta en mis pensamientos sin la más mínima idea para mi nuevo trabajo. Me habían contratado unos estudios de cine para que hiciera un guión para la próxima película de una joven estrella de cine recién descubierta. Acepté el encargo porque mis fondos en el banco se estaban agotando. Letras a cambio de dinero, y estaba suficientemente bien pagado. Con lo que cobraría tendría para vivir unos cuantos meses e invertir el tiempo en escribir mi nueva obra de teatro. De momento sólo tenía un personaje: una mujer joven y atractiva, hija de un influyente hombre de negocios. Ahora debía ponerme manos a la obra. Sólo me pidieron que la trama resultase intrigante, que la protagonista de la historia cautivara al espectador, algún que otro diálogo ingenioso y un asesinato. Sin duda Dash era el idóneo para este trabajo. Podría incluso haberme asesorado sobre crímenes, detectives y mujeres fatales, pero su decisión de no escribir ni una palabra más era irrevocable. Debería apañármelas sola. Ahora estaba en una cabaña junto al lago. La soledad me acompañaría, irremediablemente, los días que invirtiera en la creación de mi primer guión cinematográfico.

Antes de comenzar a trabajar, me tomé un café y fumé mi primer cigarrillo del día mientras contemplaba la salida del sol. Puse mi máquina de escribir sobre la mesa de madera del porche. Me senté dispuesta a empezar a teclear. Después de mirar una hora el papel en blanco, decidí que por hoy mi trabajo había acabado. Lo mejor sería darme un baño para despejar mis pensamientos. Disfruté del agua y no me di cuenta de que me estaba alejando demasiado de la orilla. Me entró pánico al ver que estaba en medio de un lago que desconocía, y ahora maldecía mi atrevimiento. Intenté regresar a la orilla. Entonces sentí un calambre en la pierna derecha, y los nervios me jugaron una mala pasada. Empecé a dar brazadas y noté un enorme cansancio. El lago sería mi tumba. Me dejé llevar y las frías aguas empezaron a engullirme. Durante unos segundos pude ver a Dash mirándome, como si me despidiera. Eres tonta, Lillian, vas a morir lejos de él...Me desvanecí.

Cuando desperté estaba sobre la arena y un joven me miraba con cara de preocupación.

-¿Se encuentra mejor, señora Hellman?

Tardé unos segundos en comprender dónde estaba.

-Creí que había muerto…
-Aún no ha llegado su hora, Lillian. Me han contratado para que no le suceda nada extraño. –El joven miraba de tranquilizarme. Conocía mi nombre y respondió ante mi extrañeza. –Soy el encargado de tener a punto la cabaña del señor Foreman. Me llamo Nick.

El muchacho alargó su mano hacia mí con tal ímpetu que nuestros cuerpos entrechocaron levemente. Me estremecí con el simple contacto de su piel con la mía. El joven percibió mi aturdimiento ante la incómoda situación y sonrió. Antes de despedirnos le pregunté cómo podía agradecerle lo que había hecho por mí.


- Prepare una buena cena, señora Hellman. Esta noche volveremos a vernos.

Mientras me alejaba de él pensé en Dash. Aunque habíamos decidido que no nos llamaríamos, sentí una enorme añoranza de oír su voz y aún así supe que aquella misma noche acabaría seduciendo al joven que me acababa de salvar la vida.

Continuará…

sábado 24 de octubre de 2009

SO IN LOVE



“Dani, mañana vendré a buscar al perro. ¿Podríamos quedar? ¿Qué te parece en el malecón, junto a la escultura de las palmeras de hierro? Calculo que estaré allí hacia el mediodía. Dime algo”.
He leído su mensaje unas cuantas veces. Ya no esperaba noticias suyas después de tanto tiempo. Se marchó sin decir adiós en febrero, dejando una nota sobre la almohada para que la leyera nada más despertarme: “Volveré”. Me levanté deprisa y lo primero que hice fue mirar en su armario. Estaba vacío. Se ha ido –pensé-. Se ha ido. Me senté abatido en el sofá donde aún dormía su perro.
-Parece que nos hemos quedado solos. –le dije al perro mientras le rascaba la cabeza-. Nos hemos quedado solos…

Hoy es uno de noviembre. Siete meses y ahora da señales de vida, después de tanto tiempo. He cepillado al perro por última vez. He recogido su manta, su pelota, sus cuencos y lo que queda de su comida y lo he guardado en una vieja bolsa de deporte para entregarlos a su dueña cuando nos veamos.
-Vuelves junto a ella, camarada. –Mientras cepillo enérgicamente al perro, me doy cuenta de que ha envejecido-. Has encanecido, viejuno.
Su ausencia ha sido más llevadera junto a su perro. Cuando le miraba a él, la recordaba a ella. Día tras día esperando una llamada, un mensaje que no recibía nunca, hasta ayer. Sabía que volvería, pero me pregunto qué le ha pasado justamente ahora para que decida regresar y encargarse del animal.
-Quien de casa huye, a casa vuelve –ha comentado mi madre. Me he limitado a encoger los hombros y he atado la correa al collar del perro para irnos.
Nos hemos tomado nuestro tiempo, paseando lentamente. Desde la urbanización donde vivo hasta el paseo marítimo hay unos dos kilómetros a pie. Hemos caminado hasta las palmeras de hierro, el lugar de la cita, y he esperado sentado en la baranda de cemento. El perro se ha levantado sobre sus patas traseras y le he subido para que se sentara junto a mí. El último temporal de levante ha dejado la playa casi sin arena. Miro el reloj. Casi es mediodía. Será puntual, como siempre. Mientras espero, enciendo un cigarrillo y observo el mar.
-¡Dani! –es su voz. Me giro y la veo correr hacia nosotros. Sonríe y saca de su bolso una pelota amarilla de tenis, las preferidas del perro. Desato al animal para que corra en su búsqueda. El perro avanza tímidamente hasta ella y cuando se encuentran, se echa sobre su espalda para que ella le acaricie.
-Te he echado de menos, cuánto te he echado de menos…-le repite mientras le abraza.
-¿Y a mí, me has echado en falta? –Dios, cómo me alegra volverla a ver…
Ella me mira y me responde:
-A ti, especialmente –contesta mientras me abraza. Me sorprende su efusividad. Antes no era así. Parece feliz.
-Caminemos. Tengo que estirar las piernas, he conducido de un tirón para llegar a tiempo.
Mientras paseamos va contándome qué ha sido de su vida durante estos meses de ausencia. Mientras habla, voy poniendo imágenes a su relato. Coche, carretera de la costa hasta llegar al sur, una casa blanca, nuevo trabajo en otro restaurante…
-Físicamente estás mejor. Has ganado peso…
-Hay alguien que cuida de mí…-responde con una sonrisa-. Y he dejado de fumar.
Me detengo para encender un cigarrillo y aprovechamos para sentarnos en uno de los bancos de madera del paseo.
-¿Quién es? –tengo curiosidad por saber quién es el tipo que la hace feliz.
-Dame un cigarrillo –me pide antes de responder.
Le ofrezco el paquete y un encendedor. Mientras prende el cigarrillo y exhala el humo hacia el cielo se toma un tiempo antes de contestar. Siempre me gustaron sus silencios.
-Cuando llegué a mi destino me tomé un tiempo antes de buscar trabajo. Tenía dinero suficiente para unos meses y necesitaba un descanso. Quería dejar de pensar en lo vacía que me resultaba la vida y lo conseguí. Cuando se acabaron mis ahorros busqué trabajo en lo único que sabía hacer: servir mesas. Y lo encontré fácilmente. Es el dueño del restaurante. –Ahora me mira unos segundos y enseguida baja la vista hacia el suelo.
-Me alegro. –miento.
En realidad tengo celos de este hombre que la hace feliz. Durante dos años yo fui su única compañía. Secretamente me alegraba de su infelicidad porque me necesitaba. Ahora ya no precisaba de mi compañía y reconozco que me duele.
-¿Y tú? Supongo que has acabado tus estudios. ¿Vas a continuar?
Como me esperaba su pregunta ya la había preparado con antelación.
-Sí. He empezado primero de biología.
-Me alegro por ti. Y recuerda una cosa: por nada del mundo abandones tus estudios. Aprovecha tu oportunidad. Yo abandoné y pagué demasiado cara aquella decisión.
-¿Le quieres?
Ahora se queda en silencio unos minutos antes de responder. Demasiados.
-Le quiero a mi manera. –responde-. Me cuida y soy relativamente feliz a su lado.
-¿Te parece justo quererle así, sólo porque te cuida? –quiero hacerle daño.
Mira largamente mar y me contesta:
-No hay nada justo en esta vida…Bueno, creo que ha llegado el momento de despedirnos. Tenemos por delante muchas horas de camino.
Busca en su bolso y extrae un sobre.
-Esto es para ti. Te agradezco que hayas cuidado al perro en mi ausencia. Y perdona el silencio de estos meses.
-No quiero nada.Pensé que no volverías y ya me había hecho a la idea de que pasaría el resto de sus días con mis padres. Ellos eran quienes le cuidaban ahora y le querían…
Se levanta para despedirse y adelanta su mano para jugar con mi cabello. Pero detengo su gesto bruscamente.
-No hagas esto, por favor. Ya no soy un niño. De hecho ya no lo fui la última noche que pasamos juntos. ¿Acaso lo has olvidado?
-No, Dani, no lo he olvidado. Aquella noche me salvaste aunque tú no lo supieras. Suena melodramático, lo sé, y ahora lo único que deseo es mirar de frente y olvidarme de lo que fui.
Se agacha para coger la correa del perro y se despide.
-Coge el dinero y en verano vienes a verme. Aquello te gustará. Adiós, Dani.

No quiero ver cómo se aleja de mí. Espero unos minutos y enciendo otro cigarrillo para calmarme. Miro el sobre que ha dejado sobre el banco y lo guardo en el bolsillo del pantalón mientras pienso en la mentira que le he contado y me siento miserable por lo que le he dicho.
-Te odio, te odio, te odio, te odio. -He empezado a sollozar como un niño hasta que las lágrimas han inundado mis ojos. He envidiado su felicidad lejos de mí. Pero cómo explicarle que en realidad mi vida ha continuado como siempre y que estoy atado a este lugar hasta el resto de mis días…Ojalá tuviera su valentía y buscara, como ella, playas con banderas amarillas.
-Te odio, te odio, te odio…te quiero.
"Es extraño, querida, pero cierto. Cuando estoy cerca de ti, el cielo se llena de estrellas, tan enamorado de ti estoy. Incluso sin ti, mis brazos de rodean. Tú sabes porqué. Tan enamorado de ti estoy. La primera noche que estabas tú, enamorado de mi alegría, supe que podías quererme. Así que provócame y hiéreme. Engáñame, déjame. Soy tuyo hasta la muerte, tan enamorado de ti". "So in love". Cole Porter.

viernes 16 de octubre de 2009

EL CIELO Y TÚ


"-Por favor, no se vaya ni se mueva...
-¿Por qué?
-Podría decirle que no se moviera porque el resplandor del fuego es tan hermoso en su pelo... que no se moviera porque es el día de todos los santos y no debe perturbar a los espíritus... por tantas cosas podría decirle que no se moviera... porque éste es un momento de tanta comprensión que no desearía que tuviera fin..."
"-A veces pago por lo que nunca tuve, justo es que por unos días haya tenido algo que no podré pagar. Estas breves horas, este destello de lo que hubiera podido ser mi vida. No pido nada más y aunque hubiera sido una hora, un minuto, hubiera merecido la pena arriesgarlo todo a cambio de él.
-¿Aun sabiendo que no puede durar?
-Durará mientras lo recordemos..."

jueves 1 de octubre de 2009

SI DE REPENTE UN DESCONOCIDO TE REGALA FLORES, ESTO ES IMPULSO


En mi condición de persona nacida bajo el signo de piscis, tengo dos personalidades. Una nada hacia la derecha, la otra hacia la izquierda. Una es impulsiva, la otra reflexiva. Una es un pequeño demonio, la otra Pepito Grillo. Deberían entrar alguna vez en mi cabeza y ver como el pequeño grillo me recrimina constantemente mis impulsos. Mantengo una lucha constante con mis dos personalidades. A veces soy Blas, con pocas ganas de broma, pero de repente aparece Epi con una ganas irresistibles de jugar al "yo la tengo".


Un escritor habló un día de si se debería aceptar lo escrito en un ataque de escritura automática o revisar el texto miles de veces antes de publicarlo. Mi opinión al respecto es que en no se deben pulir demasiado los textos. Al final acabas matando lo que te diferencia de los demás.


Últimamente cuando leo vuestros post, me tomo un tiempo de reflexión antes de comentar. Para evitar decir tonterías como las que dije en un post de Fra Miquel sobre el césped. El amable hermano nos invitó a utilizar su inmaculado césped para nuestros entrenos (ya saben, el Haren contra las chicas del Veí). Y no se me ocurre otra cosa que decir que llevaría a mi perro para que defecara en la hierba antes de que entraran las jugadoras del Veí. Las imaginé embadurnadas de desechos perrunos y corriendo hacia la ducha para quitarse los apestosos restos. Me gusta jugar con el Veí y hacerle creer que voy a pasarme a su equipo si aumenta mi ficha. Pero no abandono a mi míster ni loca. Y es que se bromea o se muere.


Cuando escribo un post, si lo releo demasiado, me entran pocas ganas de publicar y personalmente me gusta más lo escrito bajo el influjo de mi personalidad divertida (ui, sí).


Tengo razones personales por las que debería sentirme deprimida. Pero prefiero reír antes que llorar. La vida es un tango dijo alguien, sí, pero también existen las milongas. Y al final me acabo convenciendo de que prefiero a la persona impulsiva que habita en mi ser dual y me canto a mí misma: "Sí, soy así, qué voy a hacer, nací buen mozo y embalao para querer...".


Y te aviso Pepito Grillo: voy a hacer caso omiso de tus reflexiones y te canto: "que te den, que te den, déjame bailar".

martes 15 de septiembre de 2009

TÍA EMILY LOS PERROS DE SU HERMANO


Lametones, bostezos, ladridos, pelos, olor, pipi, caca, paseo, siesta, juegos, pelotas, huesitos, comida.

Lluvia, té, costura, cariño, collejas, gritos y abrazos. Cansancio y bostezo.

¿Merece la pena? Sí, sí, sí...

jueves 3 de septiembre de 2009

BLOGVILLE CREPUSCULAR


LA NUBE

Casi todas las discusiones tienen su origen en una pequeñez, y la nubecita que asomó y que en un principio parecía inofensiva, acabó descargando un gran chaparrón sobre mi cabeza. La nuestra empezó cuando el ordenador que compartíamos los residentes se cansó de vivir y nos reunimos en la biblioteca para discutir la compra de uno nuevo.

Hace treinta años tuve la feliz idea de que, si los que habitábamos en Blogville no acabábamos en nuestra vejez emparejados y sin nadie que nos cuidara, habitaríamos juntos en una residencia especial, donde cada uno viviría su vida como le apeteciera, lejos de disciplinas, pastillas que nos adormecieran para no molestar y acompañados de nuestras mascotas.

El primero en llegar fue el Veí de Dalt. Vive en la pequeña buhardilla de lo que en su tiempo fue una casa señorial de la parte alta de Barcelona, buscada expresamente cerca del Turó Parc. Esto último era primordial, ya que el Paseante se apoya en un bastón debido a su cojera y sus paseos ya no pueden ser tan largos como antes. Quisimos que estuviera cerca de su estimado parque. El Veí ocupa casi todas sus horas en mantener su blog actualizado y en el programa de radio que él mismo ha ideado para que los ancianos disfruten de su sexualidad sin prejuicios. Se llama Encuentros en la tercera edad y lo emite de lunes a jueves a eso de la medianoche. El viernes se toma un descanso y desaparece sin decir nada. Regresa al amanecer con evidentes signos de cansancio reflejados en su rostro. Para entonces yo ya estoy con mi té frente al ordenador y nos saludámos con un ligero movimiento de cabeza. Nunca le preguntamos adónde va, pero lo imaginamos.

Violette y Rita llegaron juntas. Ocupan dos habitaciones contiguas con vistas al parque. Las muy puñeteras supieron elegir las mejores, privilegios de conservar su encanto y su belleza intactos pese a su edad. Violette llegó acompañada de sus tres gatos y cuando se marcha de viaje, éstos quedan al cuidado del Paseante al que siempre le han gustado los felinos. Pienso que él mismo es uno de ellos por lo sigiloso de sus pasos. Aparece y desaparece como por arte de magia aunque a veces le delata el sonido de su bastón al golpear el suelo.

Rita es un torbellino. Envidio su actividad frenética. Para mi que toma pastillas euforizantes aunque ella lo niegue. Mantiene su cuerpo y mente en forma con la ayuda de Violette. Las dos se levantan cada día con el alba y practican yoga en la terraza que comparten. Un día las veremos volar sin alas a través de la ventana de la biblioteca, levitando. De mantener su cuerpo en forma también se ocupa Fra Miquel y no me malinterpreten. El fraile ha dividido el jardín en dos partes. En una cultiva todas les especies de plantas habidas y por haber. La otra la dedica a la agricultura ecológica y con sus productos nos autoabastecemos. Nunca comemos tomates fuera de temporada y si queremos berenjenas en invierno, las compramos en el mercado sin que él se entere. Para cuando se percata ya están servidas en el plato. Se enfada, pero como es de buena pasta su enojo suele durar poco. Las primeras rosas que corta son para las tres mujeres que habitamos el lugar.

El siguiente en llegar fue el Paseante. Aunque en un principio se resistía a abandonar su pequeño apartamento, al final claudicó cuando, tras regresar a casa después de una operación de cadera, las escaleras resultaron ser un obstáculo demasiado insondable incluso para él. Se enorgullecía de ser la persona que mejor conocía la ciudad debido a sus largos paseos. Pobre Paseante, al final sus piernas parecen abandonarlo. ¿Les cuento un secreto? Creo que Violette y Rita aún siguen enamoradas de él. Y para qué negarlo, yo también. Yo llegué mucho después que el Paseante.

También me resistí en abandonar mi casa. Creí, ilusa, que alguno de mis cinco sobrinos se apiadaría de mi y me cuidaría en la vejez. Pero no fue así. El destino quiso que cada uno de ellos viviera en un país diferente y yo les resultaba una carga demasiado pesada para sus atribuladas vidas. Al final acepté mudarme y hace seis meses que comparto habitación con el cuarto descendiente directo de mi fiel Bruc. El perro ha heredado el mal carácter de su tatarabuelo. Es arisco y mordedor y ya han probado sus mordiscos el Veí, que siempre me amenaza con envenenarlo, Fra Miquel, al que muerde el dobladillo de su hábito, cosa que yo remedio con aguja, hilo y una disculpa, y el Paseante, aunque éste se defiende de sus ataques armado con su bastón. A las mujeres las ignora, desconozco lo extraño de su comportamiento. No obstante, pienso que es igualito a su ama. Huraña, arisca y mordedora.


LA TORMENTA

La reunión para discutir la compra de un ordenador nuevo transcurre en la biblioteca. Yo soy la primera en asistir, como siempre. Ando algo nerviosa pues empiezo a notar el síndrome de abstinencia en mi organismo. He decidido, a mis setenta y tres años, dejar de fumar. Rita y Violette acuden huracanadas, despeinadas por el viento que ha empezado a soplar, acompañadas de el Veí, a las que siempre lisonjea. A su edad no creo que cambie su comportamiento. Genio y figura. Fra Miquel aparece unos minutos más tarde, disculpándose por su retraso.

-.No me he dado cuenta de lo tarde que era hasta que he oído tocar las siete. Perdonadme.
-Queda perdonado y absuelto, padre -le contesto con ironía.
-Veo que el Paseante aún no ha llegado -comenta Fra Miquel.
-Ha debido tropezar con su bastón …-responde el Veí con su habitual sentido del humor. Después de tantos años aún mantiene su rivalidad con el Paseante, aunque en el fondo se quieran y se respeten mutuamente más de lo que jamás se atreverán a confesar en público. Mantengo mi vieja teoría de que entre ellos existe una tensión sexual aún sin resolver.
Al final aparece el Paseante, saluda y busca un sillón cerca de la ventana. Se saca uno de sus cigarrillos que él mismo lía y lo enciende. Estira sus piernas y se relaja.
-¿Empezamos? -pregunta el Paseante.
-¿Tendrás cara! Hace media hora que te esperamos. Supongo que era pedirte demasiado que acudieras puntual -le recrimino.
-Ya deberías conocerme después de tantos años, Emily…soy así. -me contesta con indolencia.
-Tengamos paz, queridos hermanos, y comencemos la reunión -Fra Miquel toma la palabra-. Como ya sabemos todos los aquí presentes, nuestro querido ordenador nos ha abandonado esta mañana. Debemos decidir la compra de uno nuevo o si, como nos aconseja sabiamente el Paseante, compramos uno de segunda mano.

El Paseante asiente con la cabeza satisfecho.

-Que sea nuevo -intervengo yo-. Y a poder ser y según el estado de nuestras finanzas, un Mac de última generación.
-No creo que sea el momento de derrochar. En lo que va de siglo estamos a punto de entrar en una segunda crisis económica, según he oído en los medios -alega el Paseante.
-Y, a nuestra edad, ¿en qué nos puede afectar a nosotros la crisis? Por lo que nos queda de estar en el convento…perdone, padre -ahora me avergüenzo de lo poco afortunada que he sido.
-Creo que deberíamos hacer una votación y que decida la mayoría, ¿no? -interviene cándidamente Violette.
-El que inventó la democracia y las dichosas votaciones hubiera tenido que morir ahogado en sus propias palabras -comento con asco. Noto cada vez más el nerviosismo que me provoca la carencia del monóxido en mis pulmones. Me acerco al Paseante y me siento junto a él para inhalar algo del humo de su cigarrillo.
-¿Has vuelto a quedarte sin tabaco? -me pregunta el fumador.
-No, he decidido dejarlo para siempre -le respondo.
-A ver cuánto tiempo aguantas esta vez, desde que te conozco lo has debido intentar unas doscientas veces -ríe el Paseante.
-Esta vez he decidido que será la definitiva.

Rita toma la iniciativa y empieza a repartir los papelitos cuadrados donde escribiremos: nuevo o segunda mano. Violette es la encargada de anotar en la pizarra el resultado de la votación. Nuevo: dos votos (seguramente uno del Veí y el mío). Segunda mano: cuatro votos.

-Queda aprobada la compra de un ordenador de segunda mano -anuncia Fra Miquel-. Y el encargado de su compra será el Paseante.

El Paseante sonríe satisfecho por el resultado. Él y sus malditas crisis económicas. Acepto mi derrota, busco la chaqueta donde guardo secretamente los cigarrillos y me encamino hacia la puerta con la intención de abandonar airada la reunión y de fumarme a escondidas el primer cigarrillo desde hace seis horas. Me despido dando un sonoro portazo. Reconozco que soy débil y que he perdido la partida. Total, para lo que me queda…

Subo a mi habitación y me siento en la cama cansada. Enciendo el preciado cigarrillo y decido llamar a MK. Me hubiera gustado que hubiésemos compartido nuestros últimos años de vida juntas. Pero tuvo la inmensa suerte de conocer a un apuesto nórdico retirado en su isla y han decidido practicar el naturismo hasta el fin de sus días. Allí vive feliz, con sus perros, su hijo mayor con su mujer y tres de sus nietos. Pero lamentablemente, no responde a mi llamada. A ver si el Paseante espabila y compra el ordenador. Al menos conectaremos la webcam y nos desearemos felices fiestas.


LA CALMA

Me acuesto ya más relajada y reflexiono. Me he comportado como una maleducada y me arrepiento. Luego pediré a Fra Miquel que me confiese y me absuelva de mis faltas. Suele ser benévolo en la penitencia que me impone. Normalmente me recomienda un paseo por el jardín y que le ayude a recoger las hortalizas del huerto. Casi consigo quedarme dormida cuando oigo unos golpes en la puerta.

-Abre, soy yo -es la voz del Paseante-. Ata a la fiera.

Me levanto y abro la puerta con el perro en brazos. Los tengo que mantener separados a una distancia prudencial. Aún recuerdo con risa el primer ataque a su persona de mi primer Bruc.

-¿Ya se te ha pasado el enfado? -pregunta mientras se sienta-. ¿Has fumado?
-Y a ti qué te importa -contesto aún más enojada.
-Va, hagamos las paces. No me gustan estas situaciones de tensión, ni contigo ni con nadie. ¿Me harías un favor?
-Dime.

De una bolsa de papel marrón saca un par de zapatillas de andar por casa.

-¿Me coserías los dos agujeros de la punta?. No consigo cortarme bien las uñas de los pies y siempre acaban igual. Da pena tirarlas, aún son nuevas.
-Déjalas ahí, si tengo un momento veré qué puedo hacer -le contesto distante.
-Esta noche llegan Khalina y Alatrencada. ¿Bajarás al concierto? Igual te dedican tu aria preferida….
-Seguramente. Tengo ganas de verlas. A ver si con su voz mejora mi estado de ánimo.
-Bueno, furreta. (Hace treinta años que me llama así). Voy a estirar un poco las piernas. Nos vemos después.
-Hasta luego.

Cuando me doy cuenta de que se ha dejado la bufanda que le tejió MK en el sillón me da por llorar. Ato la correa al collar del perro y salimos en su búsqueda. Me cuesta alcanzarle pero al final lo consigo.

-¡Paseante, la bufanda! -se la pongo alrededor del cuello, dejando las puntas desiguales-. ¿Te importa que te acompañe?

Me ofrece su brazo como respuesta.

-Esta tarde mi comportamiento no ha sido de lo más adecuado…-me disculpo.
-Calla. Si hemos de caminar juntos hasta el Turó Parc procura mantener la boca cerrada.

Al final pienso que tampoco ha sido un mal día del todo. De vuelta nos esperan las cantantes y la cena de Violette. Y Fra Miquel, y Rita y el Veí de Dalt. Por suerte para todos, hoy no es viernes.
Demano perdó als protagonistes del relat per haver utilitzat els vostres noms sense permís i per fer sortir paraules de la vostra boca quan han sortit de la meva imaginació. Jo m'ho he passat molt bé i espero que vosaltres també. I que ningú s'enfadi!









jueves 13 de agosto de 2009

EL VESTIDO NEGRO




Para Troyana e Iduard, que me pidieron sexo en los relatos.


Entra como si estuviera en su casa, se sienta y se desata los zapatos, sin dejar de mirarme. Se estira y se relaja fumando un cigarrillo. Nunca me pide permiso para prender uno. No lo necesita. Si se lo negara, lo encendería igualmente.

Llevo dos años escuchando sus historias. Aunque ya tiene el alta médica, sigue acudiendo a mi consulta cada jueves. Yo la espero con impaciencia. Tengo una teoria respecto a ella: creo que durante dos años se ha inventado una vida con sus fantasías.

-Hoy lo he vuelto a hacer -espera una palabra mía.
-Dispara -respondo.

Aspira profundamente el humo de una calada, y continúa. Aprovecho también para relajarme y le robo un cigarrillo.

-Siempre me sucede lo mismo cuando llega el buen tiempo. Busco en el armario las prendas que guardo de la temporada anterior y reaparece el vestido negro. Me lo pongo y decido salir a la calle sin ropa interior.

La observo. Todavía lo lleva puesto.

-Espero un autobús y elijo el que va más lleno. Como debo de ir de pie, me sujeto a una barra para no caerme y no transcurren ni dos segundos cuando siento la respiración de alguien en mi nuca. Observo su reflejo en el cristal de la ventanilla y si el hombre que está detrás de mí me gusta, le sonrío. Cuando el conductor toma una curva a velocidad excesiva, me dejo ir. El hombre me agarra de las caderas y aprovecha para frotarse en mi culo. Busco dónde puedo apearme y aprieto el botón rojo de parada. Él se sitúa cerca para seguirme. Camina a cierta distancia y noto cómo me mira. Entro en el Morryssom, y me siento en un taburete frente a la barra. Dejo el bolso a mi lado, pido una cerveza bien fría y estudio las tapas. Tengo apetito. Él también ha entrado y ocupa una de las mesas que quedan libres. Continúa mirándome, tal vez esperando una señal mía. Tomo un sorbo de cerveza y enciendo un cigarrillo. Él hace lo mismo en su mesa y deja escapar el humo mirando al techo.

-Por qué has elegido el Morryssom? -le pregunto con curiosidad.
-Porque me gusta, por nada más -responde contrariada ante mi inoportuna interrupción.
-Pues como te decía. ¿Por dónde iba?
-Él fuma.
-Ah, sí. Continúo ¿no?

Asiento con la cabeza.

-Apago el cigarrillo y tomo otro trago de cerveza. Cojo el bolso y camino hacia el lavabo, esperando que él me siga. Está ocupado y aguardo en el pasillo. Cuando estoy a punto de entrar, me empujan hacia su interior con violencia y me sujetan las muñecas por la espalda. Me tapan los ojos con un pañuelo y me obligan a girarme. Mi corazón ha comenzado a latir, cada vez con más fuerza. Dudo entre gritar o dejarme hacer. Pero unas manos que parecen de mujer por su suavidad ascienden por mis muslos, levantándome la falda “¿Lo has hecho alguna vez con una mujer?” me pregunta una voz femenina. Le contesto que no con la cabeza y me dejo ir. “Nunca”. “¿Acostumbras a ir sin ropa interior?” Sonrío. “Sólo cuando me pongo este vestido”. “Yo no llevo jamás” asegura ella. “Cuando he visto que no se te marcaban las bragas en el vestido de punto, he sabido qué querías”.

Mientras me va narrando lo que hacían entre ellas, cojo otro cigarrillo del paquete.

-¿Sigo?
-Claro. Sólo quería fumar.

-La mujer parece experta en el arte de amar a las mujeres. Une su boca a la mía y me acaricia un pezón sobre la tela del vestido. Me besa el cuello y va descendiendo con sus labios hasta los pechos. Ahora sus manos han llegado a mi sexo y me separa las piernas. “Ábrete”, ordena. Le hago caso y comprueba con un dedo mi estado. Estoy realmente excitada. Se me nota. Me entra suavemente y mueve la mano sin dejar de besarme y moverse dentro de mí. Siento que en cualquier momento llegaré dónde quiero, y al final lo consigo. Tengo una explosión en mi interior como hacía años que no sentía. Llaman a la puerta y nos seguimos besando cogidas de las manos. Le quiero corresponder pero ella me detiene. “Tranquila, volveremos a encontrarnos” asegura. Intento desprenderme del pañuelo que me tapa los ojos, pero ella me lo impide. “Déjatelo hasta que yo me haya ido. Te lo quedas como recuerdo”

Se queda callada unos minutos y vuelve a encender un cigarrillo. Se incorpora y busca algo en el interior de su bolso. Saca un pañuelo y sonríe. Se levanta y camina hacia mí con una expresión risueña en la mirada.

-He decidido que hoy es el último día que nos vemos. No querrás decepcionarme, ¿verdad? -me pregunta mientras me tapa los ojos con la prenda de seda.
Gracias a Gemma y a Joan por corregirlo y traducirlo. Y al Veí por publicarlo en su blog.

jueves 30 de julio de 2009

EL FANTASMA SE DESPIDE


"Cuántas cosas nos perdimos, Lucía, cuántas cosas nos perdimos... Adiós, mi amor".

El Fantasma y la Sra Muir


Querida Emily:
Creo que no sabes de mi existencia, aunque a veces parece que me intuyas. No sabes que vivo junto a ti desde hace tiempo. Cuando decidiste venir a vivir a tu nueva casa, que es la mía, no sabes cuánto me alegré. Llegaste cargada con todas tus cosas, a las que poco a poco has ido encontrando un hueco. También llevabas a tu perro enano, ese que sigue tus pasos por dondequiera que vas. Él sí me ve. A veces me despisto y consigue morder las perneras de mis pantalones para avisarme de que él es quien manda en la casa y que va a hacer lo posible para protegerte. Me sería fácil deshacerme de él, pero sé la pena que te causaría su pérdida.
A veces tengo ganas de jugar y consigo asustarte, como cuando me convierto en viento del norte y cierro las puertas tras de ti. O hago volar las cortinas mientras me río estruendosamente. Me siento a tu lado mientras trabajas. Bebo de tu copa y robo tu cigarrillo cuando lo dejas reposar en el cenicero. ¡Cuánto echo de menos fumar! Me acuesto junto a ti cuando haces la siesta que nunca perdonas. Entonces cojo de tu mesita de noche el libro que lees y ojeo sus páginas hasta que yo mismo caigo en un sueño profundo. No sabes cómo me gustaría hacer descansar para siempre mi pobre alma errante.
¿Sabes cómo llegué a esta casa? Unos desaprensivos me invocaron en el juego de la tabla adivinatoria. Y desde aquel día vago noche y día por el que ahora es tu nuevo hogar. Ya sabes que tu casa ha sido habitada antes por otras gentes. A todas las he ido echando con mis risas y mi presencia. Se marchaban hartos de no tener un solo día de descanso. Pero a ti no consigo asustarte porque un día supiste que en estas cuatro paredes algún día serías feliz…Completamente feliz.
Mi espíritu te sigue por todas partes como tu perro faldero. Te observo cuando comes, duermes, cuando te maquillas y examinas tus dientes ya casi perfectos frente al espejo. Luego sacas la lengua para reírte de ti. O cuando te vistes ajena a mi presencia mientras escoges la ropa que te pondrás ese día. O cuando faenas en la terraza pintando sus paredes, plantando esquejes y regando al atardecer. A veces bailas sola y te marcas unos pasos de tango mientras cantas, “negro nubarrón que le ha robado la alegría al corazón”. Entonces se te escapan unas lágrimas y es justo en este momento cuando me gustaría materializarme, abrazarte y ser tu pareja de baile eterna.
También ríes con frecuencia, sobretodo frente a un objeto que no consigo adivinar y tengo celos de lo que provoca tus risas. Pero soy yo quien vigila tu sueño mientras te cuento al oído lo que ha sido mi vida.
Esta noche me despido de ti. Has escogido la vida, he decidido marcharme. Pero permíteme que sea yo quien venga en tu busca cuando abandones este mundo real. Cogeré tus manos, te levantarás y me seguirás mientras echas una última mirada a las estancias donde un día fuiste feliz. Eternamente feliz.
 
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